lunes, 18 de julio de 2016

El amor y la búsqueda de compañía significativa es una constante en la vida y una necesidad genuina. Con dinero y sin dinero el amor pareja es añorado y su ausencia produce variadas frustraciones. Para los individuos el amor comienza y termina en la pareja amorosa, nadie quiere sufrir desamor. Por otro lado, los  desacuerdos en las parejas pueden ser frecuentes pero suelen agudizarse en momentos sociales críticos, parejas “descubren” que no son compatibles o tienen problemas serios cuando no pueden disponer de la misma cantidad de dinero.  Existen también momentos laberínticos  que ponen a prueba, la pareja, el amor y hasta a la terapista. Estos momentos se llaman infidelidad.

En las historias de infidelidad  la persona que sospecha desarrolla un plan de acción para descubrir a su pareja infiel.  El repertorio es muy variado y si no fuera trágico seria chistoso, detectives, GPS en coches o  celulares que se “chequean a diario”, amistades, familiares o hijos vigilantes. Seguimientos con disfraz incluido, búsquedas obsesivas y todo tipo de efectos electrónicos o  de fuerza humana.  Todas estas  maneras se usan para descubrir una verdad que en la mayoría de los casos no queremos conocer y  el que busca quisiera no encontrar y al final busca para probarse a si mismo que no se está volviendo loco.

A veces suceden  eventos  mágicos que levanta la verdad para quien secretamente desea conocerla. “Por casualidad” encuentras un diario escrito donde se relatan con mucha claridad los eventos de la infidelidad de tu esposo o esposa. Imagínate encontrar un celular olvidado que cargas para ver si puedes rescatar “algo”  y terminas encontrando mensajes muy dolorosos. Quizás también puedas imaginarte que en una fiesta “alguien”  te brinda una información devastadora para ti.

En nuestra era tecnológica hay innumerables oportunidades para conocer si la pareja en la que nos encontramos nos esta siendo infiel. Muchas personas pierden la atención de la vida en su casa y terminan dejando pistas que los delatan, algunos se confían tanto que nos recuerdan al asesino de la novela Crimen y Castigo de Dostoievski que al final sentía culpa y quería que lo cogieran y el mismo se delato.

Cuando se habla de infidelidad el tema es jocoso para muchos, despreciable para otros o traumático para los que lo han sufrido. Hubo un tiempo en  que la mayoría de las infidelidades conocidas eran actos masculinos, de la infidelidad femenina no se hablaba claro que las características particulares de cada sexo los hace enfrentar este evento de maneras muy distintas. De los hombres culturalmente hemos esperado que sean infieles, hay personas que aseguran que “no lo pueden evitar”, de la mujer no esperamos que sea infiel.  La mujer cuando es infiel no suele ventilarlo y es más cuidadosa, al hombre parece notársele con más facilidad y  suele comentarlo.

¿Por qué una persona es infiel? Las razones son tantas como infieles hay en el mundo. Lo cierto es, que los efectos de una traición suelen ser devastadores para las personas, además es uno de los temas  más difíciles de trabajar en terapia de pareja. Las personas saben que este evento no es como otra crisis, pero no saben cómo explicarlo a lo sumo lo llevan al área de la posesión o de lo físico. Lo cierto es, que la infidelidad es mucho más que el hecho físico de tener sexo fuera de la pareja tanto para la persona como para su pareja.

Para entender la infidelidad y sus consecuencias tenemos que examinar que cosas distingue una pareja de otras relaciones que podamos tener. La pareja amorosa  tiene múltiples actividades y muchas de ellas pueden contratar a otras personas para realizarlas. Sin embargo, en esa convivencia existe una actividad que define la relación de intimidad y que se supone comparten solo entre ellos.

La vida sexual de la pareja es un tema amplio y se desarrolla de manera distinta en cada pareja. La sexualidad no solo se trata de lo físico,  está compuesta de otras áreas de intimidad psicológica, presencia, cercanía, además de la  sensualidad. Por lo común en nuestro entorno la pareja es monógama, es de dos. La infidelidad de una de las personas violenta la promesa de ser fiel, introduce una energía distinta en la pareja, rompe la intimidad, destruye la confianza y cuestiona la validez de la pareja.

 El tema de la energía que desarrollan juntos y comparte una pareja es un tema nuevo pero muy relevante. Una persona que es infiel trae a su pareja una energía distinta que aún cuando la otra persona no sepa, siente que hay algo distinto  que rompe la energía de ellos dos más allá de lo que es visible. La realidad es que  somos energía y  esa energía  es tan única como la persona, por ello el o ella saben que algo no es igual. La energía no puede ocultarse, energéticamente somos lo que somos.


***La próxima entrada trata del perdón y la perdida de la confianza. ¿Ser perdonada o perdonado implica que la pareja continúa? ¿Quién perdona más los hombres o las mujeres? ¿ Es perdonar lo único que hay que hacer? ¿ Se puede reconstruir la confianza?


La autora es Psicóloga Clínica en practica privada.

(787) 399-3114

domingo, 10 de julio de 2016

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Ser infiel, llevar a cabo un acto infiel es, faltar a un compromiso que  hemos  pactado voluntariamente, romper un acuerdo de lealtad con otra persona, incumplir  la palabra que hemos empeñado. Todas estas definiciones  se refieren al comportamiento que tenemos hacia  otra persona,  casi siempre entendemos la infidelidad como un acto de traición a  la pareja amorosa.   

Sin embargo, hay una dimensión de ser infiel que casi nunca examinamos, con este tema  se nos olvida que la justicia entra por la casa, es decir por nosotros. Ser infiel a otro u otra, mentir o prometer algo que no vamos a cumplir no es solo lo que hacemos al otro, también y quizás más importante es,  lo que nos hacemos a nosotros mismos. Fallarnos a nosotros es ser desleal  a la única persona  de la que no podemos escapar.

Raras veces nos planteamos la deslealtad como un evento personal, lo vemos como algo que le estamos haciendo a otra persona y cuyo efecto en nosotros es menos relevante. Pocas veces un infiel se detiene a pensar en, cómo ser infiel lo afecta a el o a ella. A veces puede reflexionar en el otro u otra como la víctima y en si mismo como el que  hizo algo “equivocado”, también existe el que se consuela afirmando que el o ella se lo merecen, pero como no se va a enterar “ojos que no ven, corazón que no siente”. Claro que hay personas infieles cuya conciencia no les permite dormir, esos buscan ayuda inmediata, pero son los menos la infidelidad se toma con frecuencia como un hecho sin demasiada importancia.  

Faltar a un compromiso tiene repercusiones en la persona, porque para  darse el permiso la persona tiene que  dejarse llevar en automático o solo pensar en si misma, ambos comportamientos tienen consecuencias. Entre los  ingredientes de la infidelidad están la mentira, el juego psicológico, la doble vida, la manipulación, el control,  fingir, todos ellos  pesados de sostener por largo tiempo, quizás esto explique el refrán popular,  “Más rápido se coge al mentiroso que al cojo”.

 Por otro lado, abrirse a un compromiso, promesa o pacto con otro, es un acto de voluntad. Nadie  puede obligarnos a firmar un contrato que no deseemos es decir, la voluntad es la clave para entrar y salir de pactos amorosos. Así las cosas antes de faltar, mentir o ser infiel se pueden tomar otras opciones, como hablar con la pareja, separase, divorciarse porque “la mentira tiene las patas cortas” y siempre se sabe.

Entender la fidelidad desde la perspectiva de la  la pareja es  más complejo, pero sabemos que si una persona es fiel a si mismo raras veces puede ser desleal a otra. A través de la práctica del comportamiento leal,  se suele desarrollar un mecanismo interno de freno que no se lo permite, prefiere romper con el compromiso de frente, dejarlo, renunciar y hacerlo cara a cara. Pero también existen miles de excusas para llevar a cabo un acto, conocemos las historias más inverosímiles de infidelidad y estamos conscientes de que la persona esta apostando a que la otra o el otro, nunca lo descubra.

Pero y ¿si se descubre? Lo usual es, jurar que no es cierto hasta la muerte. El infiel raras veces confiesa  de manera voluntaria, a menos que no vea el daño que esta haciéndose y haciendo y quiera enmendarlo. La persona que falta a su pareja lo más probable piense que nunca se va a saber, que lo ha hecho bien, que ha mentido súper bien “de show” como me dijo alguien. Sin embargo, “la vida te da sorpresas” como dice la canción y hace brillar la verdad.

***Esta entrada es una de 4 sobre el fascinante tema de la infidelidad, la cuarta está dedicada al impacto que tiene la infidelidad en los hijos e hijas. En la próxima hablaremos de las “casualidades” que permiten que te enteres de lo que  has sospechado y  no quieres saber…

La autora es Psicóloga Clínica en practica privada.
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miércoles, 1 de junio de 2016




A veces nos hacemos la idea, de que la mente es, una especie de computadora donde se escribe, y borramos a voluntad, lo que no deseamos. Pensamos  que cualquier cosa que no queremos recordar, lo podemos borrar. Creemos que el olvido es posible echando a un lado vivencias que nos han marcado. Cuando realmente lo que hacemos, con lo que  queremos olvidar, y no se ha procesado es, barrer debajo de la alfombra la memoria. La verdad es, que las experiencias no pueden borrarse y las vivencia perduran a pesar de estar debajo de la alfombra, esperando el momento de que las dejemos salir.

Esto  les sucede a muchas personas, con historias que no quieren recordar, de diferentes tipos. Esto también le sucedió a Ángeles, por muchos años, antes de asistir a sus terapias psicológicas. En nuestra primera cita, comentó lo del abuso y acto seguido dijo: “pero yo a eso le di, delete”.  Cuando tenia 7 años comenzó a ser  victima de acoso escolar o “bullying”, Ella recuerda este periodo de su vida, “como si fuera una película”, “lo único que hacia era tener miedo”, “me sentía maltratada y no entendía, por qué”.

Como muchas personas pensó que algo que sucedió en su niñez y adolescencia había quedado atrás, en este momento Ángeles tiene 35 años. No asocio su inseguridad, su problemas para relacionarse, el no poder tomar decisiones, su sensación de no pertenecer a ningún grupo, su tendencia a aislarse, con su experiencia de “bullying”.  “Pude estudiar, tener mi profesión, paso temporadas bien”. “Pero por períodos largos me siento fuera de lugar y muy insegura, me da mucho miedo y no duermo bien”.

Su experiencia del “bullying” , no la informo a sus padres, ni en su colegio, todo quedo en secreto. Desde pequeña les pedía a sus padres que la cambiaran de colegio, pero ellos no querían,  a los 14 años logró que sus padres escucharan sus suplicas y la cambiaron.  Este cambio la salvo porque “muchas veces pensé que era mejor no vivir”.

Cuando llego a su nuevo colegio, decidió olvidar todo, como si fuese un mal sueño y comenzar una nueva vida.  Esta actitud le funciono por varios años, hasta el día que tuvo un ataque de ansiedad que se repitió varias veces y su cardiólogo le recomendó que buscara ayuda psicológica. Después de un año de terapia, Ángeles esta más animada, duerme mejor  y aprovecha su trabajo en recursos humanos, para ayudar a otros y continua en terapia. Además de la experiencia de abuso escolar, muchas de sus relaciones han quedado lastimadas, incluyendo la que tiene con sus padres.

Si conoces a  un adulto que fue maltratado, acosado, humillado, no le digas que “ya eso paso”. No le digas que “eso es pasado” y que “en este momento ya es otra cosa”. Una experiencia como esta,  perdura por años y sus efectos pueden durar toda la vida. Y no pasa, hasta que se examinan y se procesan sus efectos. El acoso, abuso o “bullying” sucede en un lapso de tiempo, los efectos de la experiencia se extienden en el tiempo.

La autora es Psicóloga Clínica en practica privada.

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lunes, 2 de mayo de 2016



Hace algún tiempo los términos propios de la jerga profesional de la psicología, son repetidos coloquialmente. Lo cual por un lado, quizás acerca la psicología al público general o produce malos entendidos. Palabras que significan diagnósticos como bipolar, ansiedad, depresión son vocablos comunes en el diario vivir.

Esto mismo sucede con los vocablos personalidad y carácter. Que no son lo mismo ni se escriben igual. Para efectos del escrito tomare una definición somera de ambos términos. Intentar definir conceptos psicológicos de una manera sencilla es un riesgo, pues desafortunadamente se queda mucho fuera y todo es importante.

Por un lado la personalidad se refiere al conjunto de características que nos definen, cómo es una persona. La organización interna que tiene un individuo que le permite actuar de tal o cual manera. Sus actitudes, pensamientos, sentimientos, comportamientos. Siento todo ello dinámico porque ese conjunto es variable, lo cual nos dice que los comportamientos no son fijos, sino cambiantes.

El carácter por otro lado es un conjunto de rasgos o cualidades que definen a la persona, nos dicen como es su manera de pensar y actuar, lo que la distingue de las demás. El cúmulo de cualidades del carácter son muy amplias, la generosidad, la avaricia, fuerza, debilidad, emoción, reacciones o no reacciones.

Para entendernos, el carácter es lo que hacemos a diario y está lleno de comportamientos repetidos, manías y cotidianidad. Carácter son las reacciones y los hábitos de comportamiento que hemos practicado a través de la vida. Cada vez que decimos sí o no. Cada día que decidimos hablar o guardar silencio. Siempre que decidimos involucrarnos o quedarnos en la retaguardia. Cuando decidimos abrazar o guardarnos el abrazo. Ese momento en el que aguantamos las lagrimas o las dejamos salir. Todos esto constituye nuestro carácter.

El carácter de una persona define lo que es, lo que probablemente ha sido y lo que próximamente llegara a ser. El carácter nos forma la cara, donde se refleja. Las costumbres, las amistades, nuestras maneras de ver la vida, son parte del carácter.  El carácter influye en nuestra manera de dar y recibir, define cómo son nuestros amores, nuestro andar por la vida, si caminamos rápido o lento. El carácter dice lo que hemos hecho de nosotros mismos, hasta ese momento dado y se espera que cambie y se modifique según vamos creciendo.

En los tiempos que corren he escuchado a muchas personas preguntarse. ¿Cómo es posible que ante tantos atropellos los puertorriqueños no protestamos? Hace poco escuche a una Sra. conductora de un programa en la radio que no  entendía cómo era posible que nos dejáramos pisotear de tal forma, sin gritar. Parecía una profesional muy elegante, desconozco su nombre y a  ella le dedico este escrito. Amiga toda esta dejadez, dormidera, huida, inacción, debilidad, se la debemos al carácter que hemos practicado como colectivo.

Heráclito decía que el carácter es nuestro destino. El carácter nos gobierna y gobierna también la fisiología, afirmaba mi maestro, James Hillman. Porque solo en el hacer nos hacemos, el carácter es lo que hacemos a diario y con el se forma hasta nuestra postura. Pero no solo la externa, también la interna que nos mueve o nos controla.

El carácter puertorriqueño es ese conglomerado de cualidades, que practicamos como colectivo a diario, y que explican nuestra particular manera de ser. Es decir, todo lo que hacemos o no hacemos es debido al carácter que nos hemos formado generación tras generación, y hasta que no lo examinemos no lo podemos cambiar.

Un ejemplo diario de carácter puertorriqueño que estoy segura que todos conocen es: la quejadera eterna de lo que no tenemos, no somos, hacemos mal, no podemos hacer. Esa queja colectiva nos forma el carácter. Si el carácter es el destino como decía Heráclito, lo cual yo comparto, entonces nos toca mucho trabajo para cambiar de carácter y ser lo que debemos ser, por derecho propio.

Desafortunadamente, en estas cosas de la psicología hasta que no nos damos cuenta de algo no lo podemos cambiar. Lo bueno es, que ha llegado el momento. Algunas personas ya están de camino y parece que les llego la sangre a las venas, otras están tratando de que todo cambie sin ellas cambiar. Hay que darse prisa, la vida se nos pasa, y nos comen los dulces.

Hasta ese momento, y gracias a que muchos jóvenes están cambiando su carácter heredado, de quejarse a hacer, hoy tenemos una agricultura que comienza a despuntar y a enseñarnos que: Puerto Rico si tiene recursos y que son nuestros y que nadie nunca nos los puede quitar. Eso es fuerza de carácter.  

***Este artículo se publico en El Post Antillano.
Domingo 1-Mayo-2016.

La autora es Psicóloga Clínica en practica privada.
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