viernes, 13 de mayo de 2011

LA PALABRA



"Anoche soñé con la palabra, con el uso de la palabra…que gran sueño".

“ En principio, era el verbo", dice la Biblia. La palabra la veo como un regalo de la divinidad para que los humanos no nos sintiéramos tan solos. La vida se me haría mucho mas dura si no pudiera dialogar conmigo todo el tiempo, además de la conversación escrita o hablada con los otros.
El sueño con la palabra es un reflejo de una vieja preocupación, que ha crecido a sufrimiento en mi. Hace mucho tiempo vengo reflexionando sobre las maneras en las que nos hablamos unos a otros. Estoy segura que tu también habrás experimentado pavor al escuchar personas haciendo uso de la palabra. Por supuesto no me refiero a las llamadas "malas palabras", en este sentido sigo a Camilo José Cela que decía que no había malas palabras. Algunas de esas "malas" son muy buenas a veces, me refiero a aquellas que no se deberían decir o dirigir a otra persona.
La palabra nos ayuda a construir relaciones, amores, parejas, hijos. La palabra moldea el pensamiento, forma autoestimas, brinda seguridad y nos provee la participación en la vida, personal y colectiva. La palabra construye la cultura y las normas de urbanismo que nos ayudan en la sociedad. La palabra es tan importante que puede destruir a un niño y quitarle para siempre la oportunidad de ser feliz. La palabra puede herir un amor de tal forma que ya no podamos coserlo. La palabra dicha por los dirigentes de un pueblo pueden hacerlo pedazos o edificarlo en fortalezas.
Existen personas que ya sea por ignorancia o necedad insisten en no observar cuidado cuando hablan. En este renglón podemos identificar todos los días a una mamá cuando se dirige a su pequeño, a un hombre hablando con su esposa, a políticos y hasta los pastores de iglesias. Son muchas las personas que no toman conciencia de sus palabras y del impacto que estas tienen y que pueden confundir a quien las escucha.
Las personas que escuchan este uso de la palabra a veces piensan que esa persona dice lo que "le da la gana" y por eso es fuerte. Muchas creen que ser bravucón es sinónimo de fortaleza, un hombre que le dice su esposa "cuatro palabras groseras" se supone que es uno a quien hay que tenerle miedo. Un político que no hace caso a nadie, que habla alto amenazante y grosero, se supone que tiene la capacidad de "defendernos".
Realmente todas estas personas hacen el peor uso de la palabra porque la usan para destruir, para herir, para provocar miedo. El otro puede pensar que el o ella se atreven, "que no le tienen miedo a nada", de verdad los creen poderosos. Los que escuchan desconocen que estas son personas psicológicamente débiles , él "bravucón" dispara antes que nadie para asustar, porque el o ella están muertos de miedo. Cuando una madre o un padre insulta a su hijo esta sembrando la destrucción en la relación con su hijo. Cuando un hombre insulta a su esposa, destruye la relación y se rebaja a sí mismo. Cuando un político hace mal uso de la palabra, la representación que hace de su pueblo, es muy pobre.
El uso de la palabra es una responsabilidad enorme para todos, a todos nos toca cuidar las palabras que salen de nuestra boca, porque deben salir de nuestro corazón. No me refiero a que tenemos que usar palabras rebuscadas o "de domingo", me refiero a que deben construir y sumar siempre para el bien. Vamos a examinarnos en las palabras que les decimos a nuestros hijos, mide las palabras que le dices a tu pareja, cuidado con la palabra de insulto , nunca se olvida. Exijamos a nuestros lideres que nos hablen con el respeto que nos merecemos y demandamos.
Gran parte de mi vida es hablar con personas angustiadas y necesitan a alguien que las ayude a fortalecerse con la palabra. Por experiencia conozco que las palabras de aliento edifican, la palabra dicha con amor conecta, la palabra genuina es un bálsamo sanador cuando tenemos nubes oscuras en el horizonte. Mi sueño sobre el uso de la palabra me alerta para que cada día la use con mayor compromiso, con mayor conciencia. Un mundo mejor es posible y sé que mi palabra es un ingrediente para lograrlo.
Y… tú, ¿Para qué usas tu palabra?.
La autora es psicóloga clínica en practica privada
(787)753-2848 / (787)399-3114
thaliacuadrado@gmail.com

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