domingo, 31 de marzo de 2013

De casarse... ni soñarlo.

 
 Cuando saludé a Sebastián me pareció un personaje de una película dramática argentina. Se dibujaba en su rostro el tormento de amor que no le dejaba dormir hacia dos años. Llego a la oficina en un día que se asemejaba a su estado de ánimo, llovía con esas gotitas finas que dan la impresión de no mojar. Desde  el principio empatice con su decaimiento del desamor, situación que nos ha sido común a muchos.
Sebastián tenia para ese entonces 75 años "recién cumplidos", tres hijos ya casados fuera del país y era viudo hacia cinco años. "Ella mi esposa estuvo muy enferma durante mucho tiempo, yo la cuide y su partida me dejo tan falto de amor que de verdad no sabia si lloraba por ella o por mi durante mi duelo. Mis hijos vinieron a enterrarla y me quisieron llevar con ellos, pero pasar mis últimos años fuera de mi mundo no puedo ni considerarlo".
"Cuando ella murió yo me dormí, deje de sentir, solo lloraba, los hijos llamaron al principio, luego ya dejaron de hacerlo y yo no protesté, no me gusta molestar. Un día hablando con un amigo viudo llegue a la conclusión de que me iba a dedicar a mis cosas hasta que me llegara la hora".
 *Caminata diaria
* Prepararme algo de comer, ella  desde su lecho de enferma me enseño a cocinar algunas cosas, al principio fue un desastre, pero luego me gusto.
 *Ir a la iglesia, leer un poco, ver TV. y la verdad aburrirme y llorar mi soledad.
Cuando se aburría Sebastián iba a dar una caminata a un centro comercial cercano a su casa. "Le digo la verdad esa fue mi perdición, así fue que conocí a Adriana, esa noche por primera vez en tres años dormí sonriendo de solo pensar en verla al día siguiente".
Pasaron varios meses donde se veían al caminar, se saludaban, hablaban un rato, muchas veces en compañía de otras personas mayores, viudas, viudos, divorciados y solos. Todos estaban retirados y todos venían de la generación donde nadie les advirtió que seria bueno pensar qué harían después de la jubilación.
Un día Sebastián le pidió el teléfono a Adriana para de esa forma poder hablar cuando por alguna razón no se podían ver. Lo peor eran los domingos que ella los tenia comprometidos con iglesia y nietos que cuidar. En muchas ciudades los abuelos pasan sus últimos años de vida recreando de alguna manera sus comienzos, criando niños pequeños.
Sebastián invito a Adriana a cenar a un restaurante en el centro comercial y la noche antes de la cita por poco no puede llegar porque no durmió y se le descompuso el estómago. "Tiene que entenderme hacia muchos años que no salía a cenar con una mujer y que además me gustara. Estaba muy nervioso, me sentía que estaba engañando a mi esposa, y además cometí el error de contárselo a mi hija y a ella le pareció una traición a la memoria de su madre".
Esta situación la he vivido en la consulta varias veces es desafortunado, pero los hijos de padres divorciados o viudos piensan que después de "cierta edad", los padres o madres se convierten en seres asexuales que no sienten como las demás personas.  Piensan que ya ellos vivieron su vida y que en esos años lo que toca es esperar el día de la muerte, sin derecho a vivir hasta el último día. La hija de Sebastián pretendió quitarle a su padre el derecho a la felicidad que toda persona tiene sin importar su edad.
"Ella es bella, es mayor que yo tiene 80 años, pero se ve muy bien, es que las mujeres se cuidan mas. Adriana me ha devuelto la vida". A Sebastián se le iluminaba el rostro cuando hablaba de Adriana, es maravilloso poder presenciar cómo no importa la edad las personas podemos ser felices cuando conectamos en amor con otra.
" Esos primeros días fue bueno, pero lo que yo no sabia era que Adriana se comportaría como si tuviera quince años imagínese, nada de tomarse la mano, un beso ni robado, ella dice que hay que esperar y yo le digo que ninguno tiene tiempo para esperar nada".
Sebastián estaba loco por Adriana la complacía en todo, pero quería poder salir de la casa a actividades, "¿usted sabe la de años que ninguno de los dos sale a un espectáculo, a un concierto? Encontrarme que ella no quiere que la vean conmigo es terrible, dice que sus hijos le tienen prohibido que salga sin ellos y nunca la llevan a ningún sitio porque todos los fines de semana le traen los nietos para cuidarlos". Lo segundo que  Sebastián desea es un poco de intimidad, Adriana lo acusa de que cuando lo consiga la va a dejar y se busca otra, cosa que el no ha considerado. "Yo creo que ella no se ha dado cuenta de nuestra edad."
Escuchar cómo dos personas tan grandes se permiten tan poca libertad es  cuando realizas  que las enseñazas de la cultura quedan grabadas en comportamientos que se perpetuan, aún cuando ya no proceden en tiempo y espacio.
Adriana y su historia  merece una entrada aparte que les prometo para el próximo domingo.

Sebastián estaba en mi consulta buscando desahogarse de un mal de amores a los 75 años, "necesito herramientas para dejar de verla ya no puedo mas. Adriana es muy ambivalente y yo creo que esta jugando conmigo, pero no se cómo dejarla. Si la llamo mucho se enoja, si no la llamo se enoja, no quiere salir conmigo, no quiere ni que la bese, un día tuvimos "algo" y entro en pánico, estoy destrozado".
Sebastián estaba metido en una trampa donde parecía que no podría ganar. Escuchar a un hombre de 75 años considerar dejar una relación es una situación muy seria, enamorarse a cualquier edad o romper una relación amorosa es difícil,  pero a  la edad de Sebastián es condenarse a un tormento del que ya no se tienen las energías para salir. Sanar es un reto en cualquier etapa de la vida, a los 75 es una proeza. La población mundial esta envejeciendo, tenemos que hacernos concientes y prepararnos para esa etapa de la vida y nos toca educar a los mas jóvenes de cómo queremos ser tratados. Llegar a viejo no es una opción, es una realidad si no mueres joven.

La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada.
(787) 753-2848/399-3114
thaliacuadrado@gmail.com

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