domingo, 7 de julio de 2013

Amor es: Levantar un carro...solo con tus manos.

Movimiento. Acrílico sobre papel. 16]19. 2013.



               Solo la vida sabe de lo que somos capaces.
                                                                        Judy.
Para vivir  intensamente hay que dejarse tocar por la vida, por la gente y  por sus historias. Quizás si una decidiera no dejarse tocar sufriría menos, pero estoy segura de  que viviría menos. Vivir de puntillas a mi me parece que no vale, para estar completamente vivo hay que mojarse. Esta es la historia de amor de  J.J. quienes a pesar del tiempo transcurrido están en mi memoria emocional.
Una tarde de verano Judy se encontraba mirando por la ventana de la cocina de su apartamento en la ciudad de New York, estaba limpiando y pendiente porque Javier su esposo se encontraba abajo en el pasillo externo del edificio,  arreglando el carro. Hacia buen tiempo y ese domingo Javier se entretenía con su pasatiempo preferido, mecanear en el auto de ambos. Llevaban casados 15 años,  se adoraban, pensaban que se habían ganado la lotería al conocerse. Ya no eran tan jóvenes cuando finalmente se juntaron y sentían que tenían que aprovechar la vida que les quedaba.
 Realmente no eran mayores,  tenían 45 años , pero la vida en la cuidad había sido muy dura, habían tenido que adaptarse al Bronx, la gente era tan distinta, el racismo, el prejuicio  por ser puertorriqueños, los sueños que por separado habían alimentado y no pudieron cumplir,  en fin las experiencias fueron muy difíciles.
Ambos habían tenido varios amores de mucha decepción y cuando se encontraron sintieron que la lucha se había terminado. Ninguno tenia muchos  estudios y Javier hacia de mecánico para las amistades, ella trabajaba en fabricas. Todo su tiempo libre lo dedicaban a estar juntos, no tenían hijos, ese sueño fue uno de los que no pudo hacerse realidad.
No tenían muchas pertenencias, como parte de mi trabajo hice una visita a domicilio. Comprobé lo limitado de sus propiedades,  el cariño que se respiraba en su apartamento y la absoluta abundancia en la que sentían  estar viviendo.
"Son ya las 9:00P.M. y Javier no sube, cuidado que se lo he dicho, que no suba tan tarde"…dicho esto, Judy se asomo a la ventana justo en el momento en que el gato que sostenía el carro que Javier estaba arreglando  fallo creyéndole  encima. Judy no pensó, salió corriendo escaleras abajo rezando para que Dios la ayudara a llegar a tiempo. Javier había quedado atrapado debajo del carro  que estaba arreglando y no se movía.
 Con  sus dos brazos de mujer pequeña de estatura, bastante delgada y la energía del amor, levanto el vehículo y  logro  sacarlo. Tomando lo que quedaba de su esposo, corrió hacia el medio de la calle y allí  se detuvo con el cuerpo ensangrentado de su amor. Los carros que pasaban al principio la evitaron como pudieron, pero Judy estaba decidida a no moverse, alguien tendría que detenerse. Un hombre en un camión se dio cuenta de lo que pasaba, se detuvo y la ayudo a llevarlo a un  hospital cercano.
Javier estuvo muchos meses, muy grave en intensivo, tenia el cuerpo destrozado, rotura de cráneo, brazos rotos, piernas rotas, pelvis fuera de lugar. Las operaciones fueron de cabeza , extirpación de bazo, yesos por meses, y el rostro destrozado. Judy se interno en el hospital con el y salio el día que lo dieron de alta,  lo cuido, y lo amo más que antes. Javier quedo con enormes secuelas físicas y emocionales,  incluyendo limitaciones en el área de la memoria, el habla y daño irreparable de sus funciones sexuales.
A preguntas mías Judy decía que no podía entender cómo ella había sido capaz de levantar un carro pesado y grande solo  con sus brazos. Me contaba que según bajaba las escaleras del edificio se iba sintiendo tan fuerte que no lo podía creer. Las personas que la acompañaron en el hospital estaban preocupados por ella, se suponía que le dolieran los brazos, el cuerpo y a ella nunca le dolió nada. Solo lloro cuando los médicos le comunicaron que Javier estaba fuera de peligro. Desde este momento nunca se separo de su esposo, le habían dado incapacidad total a Javier por sus secuelas y a ella por lo emocional. Ambos iban a recibir tratamiento una vez al mes a la clínica donde yo trabajaba, tuve el privilegio de atenderlos, conocerlos y escuchar su historia.
 J . J.  Como yo  los llamaba iban de la mano y el sonreía siempre que escuchaba la voz de ella, a  mi me parecía que su cerebro  quizás no recordaba, pero que  su corazón reconocía a esta mujer extraordinaria, que les salvo la vida a los dos.
*, Historias como estas son las que me han formado y me transforman. El trabajo que practicamos es una actividad que hacemos y nos hace. El día que tuve que marchar J.J. decidió no asistir a su cita… a todos se nos hizo difícil la despedida, sirva esta publicación como mi homenaje
*Los nombres como siempre son ficticios.

La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada.
(787) 753-2848] 399-3114.
thaliacuadrado@gmail.com

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