domingo, 27 de octubre de 2013

Muchas relaciones, pero...solo una.

Caminando(detalle) Acrílico sobre papel. 16)19. Oct.2013.

      La relación amorosa es una  asignatura que nos toca tomar varias veces,
         las buenas notas son escasas.
   
La mayoría de las consultas a la oficina de la psicóloga, tienen el propósito de buscar orientación sobre la vida amorosa. Personas muy jóvenes de 20 0 30 años, también  de 40, 50, 60 o de 80 años acuden a indagar sobre su vida amorosa. A veces son individuos que ya tienen en su haber múltiples relaciones de menor o mayor duración. Individuos de pocas relaciones, pero de muchos desengaños amorosos, las mas han tenido de todo como en botica, pero no se sienten satisfechos. Conozco otros que tienen la edad para decir con certeza, que nunca han podido tener una relación de amor pareja y están cocientes que esa es su asignatura pendiente, como Don Francisco en un blog anterior.
Es impactante como casi todas las parejas que han tenido estas personas después de un tiempo terminan pareciéndose en la dinámica de la relación. La dinámica de una relación se refiere a cómo es la relación entre las personas. Cuando ese parecido es satisfactorio si lo notamos lo celebramos. Cuando el parecido es difícil, cuando lo que esta sucediendo nos trae imágenes de otras relaciones en las que hemos sufrido, la mayoría cierra los ojos y prefiere no verlo.
Buscar las razones del parecido de nuestras parejas en la relación pareja que aprendimos de nuestros padres, en la cultura que nos enseña a tener relaciones o en lo que se espera de nosotros en la sociedad en la que nos desarrollamos puede ser iluminador.
Hoy prefiero centrar esta explicación desde la perspectiva de la energía. Todos sabemos que vivimos en un universo de energía donde lo que vemos emite una energía y nosotros también emitimos energía. Conocemos que la vibración de esa energía que tenemos es muy particular a la persona y que depende de su nivel de conciencia. El nivel de conciencia se nutre de la visión que cada una o uno tenga de si mismo y de cómo percibe el mundo que le rodea. La conciencia es un estado de atención, es un estado  de estar despierto que se alimenta de la calidad de las decisiones que tomamos cada día. Influyen además en nuestra conciencia los sentimientos que alimentamos a diario. Sentimientos de amor por ejemplo atraen luz hacia quien se dirigen y hacia quien los siente aumentando nuestro nivel de conciencia. Sentimientos de odio, rabia o actos violentos opacan la luz, nublan el entendimiento y producen un nivel de conciencia bajo.
En nuestra humanidad solo recientemente estamos conociendo el cómo nuestro nivel de energía impacta todo lo que hacemos incluyendo la pareja que escogemos y la calidad de esa relación. Hasta hace poco entendíamos que una buena pareja era cuestión de suerte y que nosotros no podíamos hacer nada para ayudarnos. Pensábamos que tener una buena pareja era cuestión de lotería, a algunos les toca la mayoría juega y pierde.
 El que nuestras parejas suelan parecerse entre ellas no tiene que ver con que las mujeres o los hombres sean de tal o cual manera. La verdad es que el parecido lo generamos nosotros con la energía que tenemos en la que vibramos y que sirve de imán a esa otra persona. Una manera para poder entenderlo es imaginar que la otra persona es un espejo en el que reflejamos lo que somos y ese reflejo atrae a otro individuo muy parecido a nuestras necesidades.
Por ello es que es tan importante afinar nuestro nivel de conciencia y caminar por la vida de búsqueda de pareja lo mas despierto posible. Dependiendo de cuan despierto se encuentre una persona mas atento estará en las parejas que deje entrar a su vida.
 Una persona que comienza una relación amorosa con los ojos de su entendimiento interno cerrado, es decir con un bajo nivel de si mismo, o con el solo propósito de satisfacer sus propias necesidades amorosas o sexuales, encontrara después de un tiempo y varias relaciones que todas son la misma relación con diferentes nombres. Las necesidades suelen ser las mismas, con un nivel de atención bajo, usualmente el individuo tiene mucha prisa y repite una y otra vez exactamente los mismos errores.
Por otro lado para aspirar a tener la experiencia de una relación de sustancia, intima y significativa tenemos que ser capaces de entrar a la relación conscientes, conocedores de nosotros mismos y con interés genuino en el ser del otro. Es decir no solo desear, admirar la belleza que adjudicamos, o necesitar el amor del otro. También se requiere que estemos genuinamente interesados en el otro u otra, tomando el tiempo para sentir nuestro despertar en ese nuevo encuentro.
Si observamos socialmente realmente hacemos todo lo contrario.
*Cerramos los ojos, el entendimiento, la razón y proyectamos cualquier cosa que deseemos en la otra persona.
*Actuamos en total impaciencia como si no hubiera mas oportunidad, actuar en impaciencia es actuar en el miedo de que si no agarro a esta persona no voy a encontrar a nadie mas.
*No escuchamos la intuición, la voz interior, el duende interno o cualquier otra voz que nos diga…ten cuidado, tómalo con calma. Usualmente recordamos lo que decía esa voz meses o años después cuando ya la experiencia difícil nos cae encima..
* Nos engañamos, reaccionamos, detenemos la reflexión y aun cuando sabemos que estamos cometiendo un error continuamos en la dirección del dolor.
Ciertamente a tener relaciones de amor se aprende teniéndolas, para aspirar a ser maestros en una materia hay que tomar muchas clases. No existe una manera certera para acertar en el escoger la pareja. En el encuentro con otro individuo que nos atrae lo mejor es conocernos y comenzar saboreando a sorbitos esa nueva experiencia hasta conocer su sabor completo. La vida y los placeres del amor se miden por la calidad de las relaciones humanas que establecemos y todo esto se cocina a fuego lento, en las cosas excelentes no existe la comida rápida.



La autora es Psicóloga Clínica en practica privada.
(787)753-2848) 399-3114
thaliacuadrado@gmail.com


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