domingo, 6 de octubre de 2013

Pregúntale a tu cuerpo.


Rueda de la vida. 2009.
 
{Expiramos lo que sentimos, no podemos dejar de sentir, igual que no podemos dejar de respirar.] Thalía Cuadrado.

Muchas veces hemos escuchado: Pregúntale a tu corazón lo que estas sintiendo. Cuando una persona se encuentra confundida, angustiada, llena de dudas sobre sus sentimientos, preguntarle a su corazón y dejar que este hable es lo recomendado.
Sin embargo, también podemos preguntarle a nuestro cuerpo, las emociones que sentimos se reflejan en nuestro cuerpo físico y tienen un impacto en nuestra salud general. Cuerpo y órganos se afectan diariamente con lo que sentimos.
Cuantas veces ante un dolor de cabeza podemos identificar un mal rato, que hemos pasado. Otras veces sentimos presión con dolor en el estómago o espalda, preferiblemente en los hombros, después de un evento que nos impacta. Con la consecuencia de presión alta. O quizás emociones fuertes nos llevan a no poder caminar con soltura, como si la intensidad de la emoción que sentimos nos colocara un freno en los pies y nos impidiera dar un paso. Personas están casi incapacitadas porque no han establecido la conexión entre su colitis y el estrés extremo en el que viven. Estas y muchas otras experiencias nos demuestran cómo lo que sentimos tiene una relación directa con la salud o el bienestar de nuestro cuerpo.
Todos tenemos un observador interno que nos avisa cuándo nos estamos haciendo daño en nuestro cuerpo físico con lo que estamos sintiendo. Es importante que activemos al observador para que nos avise de la emoción que puede llevar meses creándonos diferentes dolencias físicas. Este observador además podría avisarnos de las reacciones de nuestro cuerpo ante las diferentes situaciones o personas que nos encontramos cada día. Activar el observador es fácil solo tenemos que estar atentos a lo que estamos haciendo en el presente, a la experiencia diaria. Muchas personas insisten en afirmar que ese dolor o molestia que sienten en algún órgano o parte del cuerpo, no guarda relación con lo que sienten. Otras a veces no tienen dolencia física alguna, sin embargo su rostro y sus gestos  delatan las emociones no trabajadas.
La emoción es algo muy pasajero, sentimos coraje por muy poco tiempo, sin embargo somos capaces de sostener esa emoción años, décadas, activándola con el pensamiento. Cuando tenemos una experiencia fuerte, solemos pasar la película una y otra vez, consiguiendo con ello activar las emociones asociadas al evento. Las personas creemos que es la emoción del evento, pero realmente es una recreación mental de lo que sentimos en el pasado. En un caso como este el observador lleva horas o años tocándonos la puerta para avisarnos del daño que nos hacemos. Personas insisten en mantenerse molestos, con coraje, con rabia aún cuando ya no pueden ni recordar que fue lo que les hizo sentirlo. Caminar por la vida con una emoción sin resolver, no solo se refleja en el cuerpo sino que lo enferma.
La próxima vez que sientas una emoción sobre todo en un grado elevado, pregúntale a tu cuerpo en qué parte se siente. Una vez lo identifiques trata de manera preventiva ese lugar, con relajación, masajes, respiración dirigida al lugar. También puedes usar música de relajación, hacer ejercicios de soltar los nudos, puedes hacer ejercicio, yoga y hasta puedes cantarle a esa molestia en el centro del pecho. Crear todos los días un lugar de Paz interna y externa que nos ayude a procesar la emoción diaria seria  deseable. La acumulación constante  crea enfermedades que pueden ser muy serias. En esto de sentir, sanar, observar y estar atentos, la prevención es siempre lo primero.



La autora es Psicóloga Clínica en practica privada.
(787) 753-2848\\399-3114
thaliacuadrado@gmail.com

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