lunes, 9 de junio de 2014

De frente al caos.

Creando desde el caos.
 Entregarse al deterioro no es una opción para la vida, la individual o  la colectiva.

La confusión del momento. La ineficiencia de los gobernantes para enfrentar las situaciones. La ineptitud de las instituciones creadas para proteger al ciudadano. La frustración de los individuos ante la ineficiencia de los sistemas. La inmadurez o el infantilismo usado para la solución de conflictos, que al final crea mas problemas de los que teníamos. La negaciòn de lo obvio que nos hace sentir que todos hemos entrado en un grado de locura difícil de superar. El rosario de quejas diarias sobre lo mal que caminan las cosas, cuando echan pie, pues la mayoría de las veces están estancadas.  El estrés generalizado que no nos permite dormir y nos indigesta creándonos problemas de salud.
Toda esta experiencia continua  nos produce una percepción de caos permanente difícil de manejar. Entendiendo que la experiencia subjetiva es la hoja de ruta de cualquier humano. La vida que vivimos es como la percibimos por ello es tan importante pestañear, limpiarnos los ojos, para ser capaces de cambiar lo que vemos.
Ciertamente la falta de recursos económicos,  los pocos recursos, o la dificultad de ganarnos el pan de cada día, nos hace sentir en caos. Todas estas experiencias nos crean inseguridad ante la vida, una ansiedad extrema ante el futuro y hasta una añoranza del pasado, que por duro que fuera siempre fue mejor.
Entiendo que no es lo mismo que tus ingresos bajen vertiginosamente y no puedas ni remotamente vivir parecido a lo que hacías 5 años atrás. Para alguien con esa experiencia la vida es dura, difícil, angustiosa. Para otros la crisis es de los demás, para ellos la economía esta en salud, prospera y no entienden por qué las personas se quejan tanto. Otros, muchos, muchísimos viven el caos de no tener. No para comprar o pagar deudas. Es el no tener para la sagrada responsabilidad de dar de comer a sus hijos. Para ellos, en democracia, en guerra o en cualquier otro sitio, el caos es una realidad experimentada a diario.
Como decía, la percepción de la vida, del entorno, del mundo es personal y tiene el color de los espejuelos con los que miras. Tener, poseer bienes económicos puede mejorar la vida material, la salud o erradicar el hambre, además de proveernos de techo para cobijar a nuestros seres amados. Todas estas, aspiraciones  humanas genuinas de nuestro tiempo. Pero solo en la medida en que podamos entender cómo se mueve nuestra propia energía podemos aspirar a sentirnos vivos.
 Cuando observamos sociedades altamente consumistas, con grandes monumentos al dios dinero es difícil  pensar que no son felices. Ellos parece que tienen de todo. Claro es, nadie tiene rayos x para conocer lo que tienen dentro de ellos mismos. La tristeza, la depresión, la ansiedad o cualquier dolor psicológico puede ser exitosamente maquillado con suficiente dinero.
Sin embargo, el bienestar material sin la reflexión interna es como vestir de gala a un cuerpo enfermo y esperar que vibre salud. Hace algunos años  tuve el privilegio de trabajar con enfermos terminales. Muchos de ellos tenían o habían tenido numerosos bienes materiales. La enfermedad por otro lado les había provisto del momento para la reflexión en otra dimensión, fuera de todo lo que podían contar con números o dólares. Muchos llegaron a desarrollar una conexión con la verdadera experiencia de estar vivos difícil de superar e imposible de comprar. Parece ser que no hay nada que nos haga sentir mas vivos que la conciencia de la propia muerte.
Por supuesto no estoy diciendo que hay que esperar a estar enfermo para hacer reflexión. Pienso que es todo lo contrario, ante este aparente caos se nos regala un  tiempo de orden interno para abrir los ojos a otra realidad. Una amiga me dijo hace muchos años…la verdadera resistencia es actuar bien. Me gustaría añadir que la verdadera resistencia es conocer que cada acto tiene una consecuencia y aún cuando no la veamos se produce. Es tiempo de reflexionar en los actos y ser congruentes. Si predicamos que los otros están haciendo cualquier cosa para alimentar el caos, tenemos que actuar de manera  que nuestros actos produzcan la armonía deseada.

La autora es Psicóloga Clínica en practica privada.
(787) 753-2848—399-3114

thaliacuadrado@gmail.com

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