domingo, 30 de noviembre de 2014

Protocolo para la vida.

Nosotros. 2014.
Se dice que si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro. Si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra. Si no conoces a  los demás ni te conoces ti mismo, correrás peligro en cada batalla. El arte de la guerra. Sun Tzu.
Un protocolo es una especie de mapa que nos provee dirección. Muchas profesiones tienen protocolos que nos ayudan en el ejercicio o práctica de la profesión. La medicina tiene protocolos para atender diferentes enfermedades, la  psicología también tiene sus protocolos. El chef tiene sus protocolos en la cocina y el agricultor conoce cuándo sembrar y cuándo cosechar.
En nuestra vida la vivencia  en si misma es un protocolo, el que hemos escrito con cada situación o problema al que nos hemos enfrentado. Esto también es cierto de los grupos humanos que  llamamos pueblos. El protocolo nos ayuda a estructurarnos y además nos orienta, ya que cada cosa que sucede, tienen muchas probabilidades de haber sucedido antes. De esta forma es que nos nutrimos de la experiencia, de la individual y  la colectiva.
Sin embargo, es común que una persona no tenga protocolos de actuación. Lo que es igual a decir que ese individuo enfrenta cada situación en su vida, “a lo que salga”. Inventando una solución nueva para cada evento, improvisando o “sacándoselo de la manga”. Si bien es cierto que cada situación merece una reflexión nueva, también es correcto e inteligente  decir que debemos usar la experiencia vivida para solucionar problemas. Este fijarse en la experiencia seria observar el protocolo de actuaciones en un momento anterior y poder aplicar lo apropiado al presente.
Dicho lo anterior se me ocurre que el mejor protocolo es el conocimiento a fondo de la persona que está llamada a hacer frente a la situación. Es decir, tu, yo, nosotros. Cada actuación, cada comportamiento, requiere de un conocimiento de quién lo lleva a cabo y de la situación para poder enfrentarla.
 La cita al principio la tome del libro: El Arte de la guerra.  Un libro muy breve que fue escrito hace 2,000 años por un guerrero chino, Sun Tzu. Es curioso, pero su título puede confundirnos, el libro tiene todos los escenarios donde puede darse una guerra y la preparación para la batalla, pero dice su autor “Lo mejor es ganar sin pelear”, es decir la mejor batalla es la que no se libra y para la que estamos absolutamente preparados. La traducción es de Thomas Cleary.
El mejor protocolo, la mejor guía, el mapa mas perfecto para la vida, “eres tu” y cada uno de nosotros. Sin una  preparación personal no es posible coordinar una acción integrada que nos permita continuar. Es evidente que  nadie es capaz, de evitar las batallas sin un conocimiento profundo de si mismo, como dice Sun Tzu. El si mismo es el ingrediente principal, es la seguridad, es nuestra confianza. Cuando el conocimiento propio es profundo y amplio tenemos ganancias imposibles de igualar, entonces podemos enfrentarnos a lo que sea y ganar, sin necesidad de convertirlo en una lucha diaria.
Este conocimiento es vital para cada uno, pero imprescindible para las relaciones interpersonales o afectivas que establecemos. La vida no solo se vive de manera individual, la mirada hacia lo colectivo, también requiere de nuestro conocimiento. Las relaciones que establecemos y mantenemos son el mayor tesoro nacional que un pueblo puede tener. Nada ni nadie, por ningún precio económico tiene el derecho de poner en peligro ese tesoro. Actuar con los demás como nos gusta que actúen con nosotros, es un excelente protocolo-antídoto para evitar errores que puedan herir nuestra calidad de  vida. Es una buena vacuna que nos inmuniza para no caer en la trampa de justificar el mal trato con el estres de la  falta de dinero.
Conocerse en profundidad es conocerse a si mismo y por consiguiente al otro u otra que nos acompaña en el camino de la vida. Es ganar la batalla, sin tener que librarla, los habitantes son la base de la nación, ignorar esto es un grave error. La base del país no es la moneda, la economía, el tener posesiones o  grandes obras de cemento, la base es la gente. Ese es el protocolo.

La autora es psicóloga Clínica en práctica privada.
(787) 753-2848- (787) 399-3114

preguntaleathalia@gmail.com

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