domingo, 15 de febrero de 2015

Hacia afuera, hacia adentro.


Todos. 2015.

El que mira hacia fuera sueña. El que mira hacia adentro despierta. Carl G. Jung.

Hacia afuera vemos las películas, que por mucho que nos identifiquemos con el protagonista,  estamos sentados en la butaca.  Hacia afuera vemos los juegos de deportes, porque aunque seamos fanáticos, no estamos jugando. Mirando los alrededores podemos ver a los  que nos rodean. Es fácil evaluar, identificar, señalar lo que ellos están haciendo o diciendo. Todo es más fácil y lo entendemos mejor, cuando le está sucediendo a otro.

Desde las gradas creamos distancia y ponemos una verjita que nos separa del otro o la otra. Mirar con distancia parece proveernos de poderes mágicos para ver claro cómo, “se deben hacer las cosas”. Es más, parece que hasta nos convierte en más inteligentes, porque la lejanía distancia la emoción y parecemos mas lógicos. El sentido común  se agudiza y creemos que podemos criticar o enjuiciar, “con mucha razón”, al de afuera.

Cuando nos situamos afuera, los ojos apuntan a los demás, un territorio que nos adjudicamos el derecho de despedazar  porque no lo compartimos. Casi siempre el gesto de la mano es hacia afuera para los otros y en el corazón para lo propio. Ellos hacen tal o cual cosa, “yo no hago eso”. El yo es como una vacuna ante los desmadres de los otros. Como en una pareja polarizada, “tu haces eso, yo no, ese es tú problema”.

Hacia adentro, el baile es distinto, es privado. Se vuelve de inmediato, lento y temeroso. Porque encontramos la reflexión, somos los actores y actrices de nuestra propia vida. Adentro es un lugar íntimo donde duelen los errores. Las metidas de pata ya no son tan terribles...se sienten terribles.  Adentro no tenemos escapatoria sobre las consecuencias de los propios actos, nos dan en la nariz, nos impactan y hasta nos persiguen de noche. Hacia adentro sentimos la vida y sabemos  que cada una se vive, se goza o se sufre acá…adentro.

Sin embargo, en la psicología no existe nada absoluto. Ambos estados  hacia afuera o  hacia adentro son necesario para la salud mental. Habrá momentos donde lo mejor será mirar desde lejos. Lo destructivo sería mirar desde lejos siempre y estar siempre adentro nos aisla. Por otro lado por mucho que nos empeñemos el adentro no cesa nunca, estar con nosotros mismos es imposible de evitar. Aún cuando casi todos somos expertos en comportamientos con los que pretendemos dejarnos en alguna esquina. Conozco a muchos que les gustaría poder divorciarse de ellos mismos.

Tanto afuera como adentro y todos los estados intermedios  son necesarios, la complejidad de lo humano requiere de todo. Pero como parece  que aprender y ejercer nuestra humanidad es una parte  ineludible de la vida. Tenemos que contar con lo propio y con el otro para estar todos en la misma patera. Humanos todos.

Esta realidad nos colectiviza, nos  sensibiliza, nos une a los demás. En una palabra nace el nosotros tan necesario en muchas situaciones. Entonces el otro soy yo y la llamada globalización tiene sentido de verdadera cercanía.  De esa forma podemos ver los dolores o las alegrías de los otros como propias. Podemos aceptar las enormes diversidades. Somos incapaces de burlarnos de las creencias del otro. Entendemos que el otro tiene el derecho de tener un afuera y un adentro. Y en este enorme y abrumador colectivo podemos aceptar que la humanidad es capaz de transformarse una vez mas y que todos somos necesarios.

La autora es Psicóloga Clínica  en práctica privada.

787- 399-3114

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