domingo, 22 de marzo de 2015

Diversos. Diferentes.Heterogèneos. Mùltiples. Asì somos.



El Laberinto.
En la vida psicológica todos somos distintos y como lo psicológico se observa en el  comportamiento, lo que hacemos también es distinto. Cómo cada persona construye su mundo interno es particular a ese individuo, a su historia y sus vivencias. De hecho una de las cosas mas impactantes de la psicología es esta, lo fascinante que resulta lo único de cada humano.
 Esta realidad por otro lado, provoca unos temas de extraordinaria importancia para la vida. La variedad, la diversidad, la multiplicidad de los comportamientos, gustos, expresiones, maneras de vivir o de amar.
Cuando de diversidad se trata se levanta casi siempre, otro tema. Según todos somos distintos, así también a través de las épocas hemos diseñado variadas  maneras para pretender hacernos iguales. Desde creencias, quehaceres, clubes, grupos o partidos políticos
La aceptación de nuestra unicidad es muy difícil de tragar, porque nos lleva a otro tema que es la ansiedad que nos  provoca. Aceptar que  somos distintos nos coloca en una soledad existencial de susto, que procuramos llenar de cualquier manera.
En las parejas siempre buscamos una persona que se nos parezca, que tenga unos gustos parecidos, que comulgue con nuestras ideas y que sea de una clase social parecida. Algunas de estas características las hablamos abiertamente y otras que pueden “sonar” discriminatorias las pensamos y actuamos sobre ellas.
El discrimen del otro que es distinto, que no hace lo que hacemos, luce distinto, que habla o se mueve de manera distinta es, tan viejo como la humanidad. El discrimen nos lleva a pensar que debe existir una manera particular de tener pareja, amar y relacionarnos los unos con los otros.
Nuestras maneras particulares de ser en sociedad proveen para que el discrimen sea velado, suave, “a lo sucu sumuco” como decía la abuela. Tenemos una lista de  discrimen, que pasa desde  lo obvio,  como el color de piel, el sexo, el aspecto físico, hasta por lo que hay que cuantificar como el auto que usamos. Es tan amplio el discrimen como la negaciòn de que ocurre, porque entra por la trastienda y casi no se ve, solo se siente.
Los últimos eventos de la posibilidad de que llegue a Puerto Rico, el que personas del mismo sexo se unan legalmente ha levantado el tema del discrimen hacia personas que se aman de otra manera. Sin embargo, nadie cuestiona que legalmente todos somos iguales. Lo dice la ley y la constitución, independientemente de lo que cada uno o una piense.
Cuando se trabaja con parejas poco o nada importa quiénes son las dos personas que asisten a la consulta. Su color, su nivel social, su sexo, su cultura o su procedencia. Una pareja es una pareja y sea como sea tiene los mismos temas, propios de esa pareja, porque las parejas también son únicas. Por supuesto cada profesional escoge la población a la que va a ofrecer sus servicios. Este tema es uno muy personal porque se basa en experiencias o creencias de vida, porque también los psicólogos o psicólogas son humanos.
Vivimos en un mundo convulso donde gran parte de la tragedia que experimentamos es producto de las múltiples maneras de discrimen que ejercemos. El discrimen es una manera de enjuiciar nacida del ego. Lleva en si mismo la no aceptación de la unicidad de cada persona y su derecho a vivir de forma distinta. Por otro lado en nombre del discrimen rechazamos la grandeza de la vida en su innegable diversidad.
El discrimen no une, el discrimen nos evita lanzar puentes de entendimiento con otros individuos con los que estamos condenados a convivir en un mundo plural.
La salud mental, la colectiva se nutre de la individual. Una buena manera de medir salud mental es la flexibilidad con la que afrontamos la vida en sociedad.
Si por el contrario insistimos en la inflexibilidad, en la no aceptación de que el o la otra tienen los mismos derechos estaremos construyendo una sociedad de mucha mas separación que la presente. Estas brechas sociales ya nos  han facturado perdidas de vidas, tragedias o casos terribles de violencia extrema. Situaciones que producen un gran impacto a la sensibilidad de nuestra calidad de vida.
 Para muchas cosas en la vida no tenemos que estar de acuerdo, cada uno vive su vida  como desee. Comportamientos sencillos como el respeto mutuo son ingredientes necesarios. Sin embargo, la aceptación de todos y todas a nivel social no debe ser cuestionable.
Quizás debemos usar toda esta energía que levantan temas que nos confrontan en construir una sociedad más solidaria, cohesiva, donde quepamos todos los colores, economías o sexos, en igualdad de condiciones. Conozco que para los mas adultos será un ejercicio de cómo estirar el elástico, para los mas jovencitos pronto será lo usual, quizás en ellos radica la esperanza de un mundo mas humano.



La autora es Psicóloga Clínica  en práctica privada.
(787) 399-3114
thaliacuadrado@gmail.com

**** Este artículo lo puedes encontrar hoy en El Periòdico Digital.
El Post Antillano. 22 Marzo. 2015.






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