domingo, 1 de marzo de 2015

En defenza propia, para la sanidad.

Los Dos. 2015.

En solidaridad con  los desplazados que pierden sus referentes a diario.

 “Todo pasa y todo llega”  dice el poeta Antonio Machado. Todo se mueve, vive, muere, cambia o se transforma, eso lo sabe cualquier persona, porque es la experiencia de todos. Sin embargo, en defensa propia  también existe  lo estable, lo necesario,  aquello que permanece, que de una u otra forma ha estado siempre y nos brinda sentido. Si observamos hay cosas que nunca han cambiado.

En el devenir de la vida y  el tiempo, cronos es implacable y lo mueve todo. Cambia el entorno, la manera de llevar la vida, la visión de las relaciones o el último aparato tecnológico. El cambio es inevitable porque es un fluir necesario para sostener la vida misma, para que no se estanque y muera. Todos conocemos ejemplos de intentos de no aceptación del cambio y sus nefastas consecuencias.

Por otro lado existen unas constantes que podemos encontrar en cualquier siglo o momento de los vividos. Parece que los humanos necesitamos tener referentes históricos cercanos. Un referente de la historia vivida, puede ser un familiar, un amigo o una pareja. También pueden ser los  compañeros de creencia o ideales. Todas estas relaciones nos ayudan a escribir la historia, la propia y la compartida.

A lo largo de la vida, es de gran sosiego mirar hacia el lado, hacia atrás o al frente y encontrar a ese referente. Ese o esa persona con la que hemos desarrollado un lenguaje común de los momentos vividos, que por lo tanto entiende nuestro idioma, que recuerda la historia porque la hemos vivido juntos. Uno de los impactos mas difíciles de manejar cuando se produce un rompimiento en una pareja, es precisamente la terminación de la historia compartida. Muchas personas me han dicho que se sienten como si el libro que estaban escribiendo, de pronto, ya no tenia más páginas.
 Yo lo llamo el momento del: ¿te acuerdas de … (lo que sucedió 20 años. De cuando fuimos a tal sitio. De cómo nos sentimos cuando… De los chistes internos que solo les dan risa a ellos. De la mirada de complicidad. Del gesto que solo tu entiendes. De la expresión cultural propia.)

Parece que esta necesidad no es solo de los que ya hemos cumplido años. Los chicos pequeños lloran cuando se mudan de hogar o de escuela y hablan de sus amigos como esos refentes de sus cortas vidas. Los adolescentes son un ejemplo del referente, mas importante que nada en esa etapa de la vida, son los amigos referentes.

Es una necesidad humana muy bella, es la convicción de que el otro o la otra nos afirman la vida, vivida. Alguien ha visto, escuchado, saboreado lo que como individuos hemos vivido. El o la otra nos sirven de diario, de libro de historia  o de apuntes de referencia. El o la referente nos activa áreas de nuestra psicología imposibles de poner a funcionar en soledad. El tener referentes a quienes acudir nos vacuna contra el desarraigo, el sentirse no pertenecer o  el aislamiento. Todos estos, estados que atentan contra nuestra salud mental.

La cultura, ese quehacer diario colectivo,  en sus múltiples funciones nos sirve de referente común, de barrera para la soledad grupal o de fortaleza para saber quiénes somos. Por eso cuando estamos en un entorno desconocido, se agradece tanto que alguien nos salude, nos hable en nuestro idioma o haga algún gesto que nos signifique. Cuando sucede es como si adquiriéramos relevancia nuevamente de entre la multitud. El carecer de referentes nos hace sentir invisibles.

El cambio es parte de la aceptación del devenir implacable del tiempo, conocer que tenemos unas necesidades comunes de permanencia nos ayuda a desarrollar una especie de ancla desde donde partir. Es un antídoto contra la ansiedad de sentirnos como péndulos, sin raíces donde agarrarnos.

En defensa de la propia sanidad es importante que recordemos que el otro existe, es recomendable evocar que la solidaridad, el amor, el compromiso, el respeto, la responsabilidad no cambian. Son expresiones necesarias a todos. Que algunos decidan obviarlas,  no las invalida.

La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada.
(787) 399-3114

thaliacuadrado@gmail.com

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