domingo, 5 de abril de 2015

El tiempo y el amor. Antes de. Despuès de.

Ylan- Ylan. 2015.
El tiempo es una experiencia individual y colectiva aunque el objeto para medirlo data de solo varios siglos. Las emociones son nuestra vivencia individual y la tenemos desde antes de nacer. Somos seres emocionales, eso nos hermana y en algo tan importante, somos homogéneos. Es decir, todos sentimos.  Por supuesto, todos sabemos lo variados que podemos ser, en la expresión de esas emociones.
Para nosotros el tiempo nunca son las horas, los días o los años. El tiempo no es el futuro, lejano o  inaccesible. El tiempo es un instante o es una eternidad, dependiendo de la experiencia  que lo acompañe.
Un día puede parecer un año y una hora con un ser amado, un segundo. En el  objeto que mide el tiempo, todo pasa exactamente igual, pero nuestra  vivencia  dice lo contrario. El tiempo parece una contradicción, por un lado algunos dicen que no existe y por otro es tan concreto como el reloj. Realmente nadie sabe qué es el tiempo. Sin embargo, es nuestra experiencia diaria y constante.
Puedes sentarte, caminar o correr, una hora es solo una hora, pero cómo tú la sientes es cosa tuya. El tiempo en el amor, puede decirnos muchas cosas de cómo una persona percibe el mundo. Conocemos personas que engullen el tiempo, otras lo toman a sorbos y otras quieren controlarlo, manipularlo o poseerlo. Igual hacen con el amor.
El tiempo tiene que ver con la mente, la mente esta pendiente del tiempo. Pero las emociones son libres en el tiempo. Si por ejemplo sentimos coraje, esa emoción dura segundos. Sin embargo, somos capaces de extenderla en el tiempo por años, afirmando que tenemos un coraje que realmente, ya no existe. Esa en una labor de la mente, no de la emoción, esa es la experiencia del tiempo.
El tema del tiempo es importante, nos guía la vida, nos dice cuándo comer, cuándo dormir y hasta cuándo amar. Exactamente es en el amor donde recibimos un gran impacto del tiempo. Sobre todo, en el desamor.
Cuando entramos en una relación el tiempo pasa muy rápido y queremos que pase como una flecha para conocer qué sucederá con la relación en meses o años. Proyectar al futuro es parte de lo que hacemos en las relaciones. También en el comienzo de un proyecto, de las clases, de las vacaciones. El tiempo puede ser un gran aliado. Pero en el desamor, el tiempo se detiene.
El tiempo ese que todos nos dicen ¨que cura todo¨, no pasa, se detiene o se estanca. La neurociencia nos dice que por supuesto el tiempo pasa igual, igual para todos, pero para la persona en desamor, no pasa.
Sucede que los estudios demuestran que mientras mas fuerte es la experiencia, mientras más emoción carga y  tendremos la sensación de que el tiempo se ha detenido. Es como una experiencia fuerte de coraje, se detiene, es lenta y puede durarnos años, pero ya paso. El amor no correspondido  o el desamor puede capturarnos en un tiempo que ya no existe y durar años.
Además el desamor tiende a mirar al pasado donde no existía y entramparnos en el…’’The way we were”. El desamor vive y se alimenta del pasado, el presente es dolor y el futuro es un lugar muy lejano donde no queremos llegar.
El proceso terapéutico tiene la misión de servir de faro que ilumine las enseñanzas de ese pasado, para poder tener futuro. Ningún tiempo puede quitar el dolor, pero podemos comprender, aclarar, hablar, en definitiva, dar luz.
Por otro lado podemos enajenarnos, negar lo que sentimos y guardarlo en un cofre donde nadie llegue. Lo interesante es que los cofres tienen la habilidad de abrirse en cualquier momento, sin nuestro permiso. Y a veces, explotan. Hacen mucho ruido y daño.
Si estas en una experiencia de desamor no te aísles, no la niegues, ábrete, habla. Para todos el desamor es una experiencia muy dura que puede afectarnos mucho. Debemos recordar que el amor es una aspiración genuina, necesaria para la vida. Así es de importante prepararse para… volver a amar.

La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada.
(787) 399-3114

preguntaleathalia@gmail.com

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