viernes, 15 de mayo de 2015

Condenados a repetir, en el juego del escondite.

Detalle El Tiempo. Acrìlico sobre canvas. 51x45. 2015.


Muchos somos o hemos sido especialistas en el juego del escondite. Nos escondemos de las situaciones que debemos enfrentar. De las conversaciones que no hemos tenido y sabemos de su urgencia. De las personas que fingimos no ver, porque sabemos que hemos dejado algo sin resolver con ellas. Con esa llamada de teléfono que no nos atrevemos a generar por “falta de tiempo”. En fin, son variados los ejemplos y todos los conocemos.

Desafortunado es, el que entra al juego del escondite. Es un juego que a simple vista, parece que nos favorece. Sin embargo, lo que provoca es, el abono del terreno para que la experiencia se siga repitiendo, hasta el cansancio Este juego provoca atrasos en el camino de la vida o nos hace  pasar por ella, sin detenernos, para no ser vistos. Muchas personas  llevan una carrera de esconderse hasta de si mismos. Repitiendo su experiencia una y otra vez, en un incesante juego donde nadie puede llamarse, ganador.
Sin duda, las experiencias que no enfrentamos, estamos condenados a repetirlas. Se convierten en libretos internos que se activan casi sin mediar la intención. La repetición en las tareas nuevas,  en los nuevos comportamientos o en actividades que queremos dominar, es muy apropiada. Por el contrario, la repetición cuando lo que deseamos es cambiar, para dejar de escondernos,  es absurdo. Jugar al escondite para no tener que  enfrentar,nos debilita cada vez que lo hacemos. 

Muchas personas en su huida se convencen de que eso, lo que sea que les empuja a esconderse, pasara. Fabrican excusas o explicaciones muy complejas para justificar su acto de huida. Usamos mucha energía en construir grandes explicaciones de por qué no enfrentamos una conversación. Lo absurdo es que la conversación duraría unos minutos y nosotros invertimos horas, días y a veces años, en elaborar la explicación para no llevarla a cabo.  Todos conocemos Hudinis expertos en el juego de desaparecer, y muchos hemos padecido sus consecuencias.

El escondernos tiene una relación directa con la debilidad del carácter. Con la inmadurez que acompaña a personas que por su edad cronológica esperaríamos otras respuestas ante las situaciones. Cuando un adolescente no quiere enfrentar hablar con su novia para aclarar una situación es entendible, a su edad pocas veces o ninguna le ha tocado hacerlo. Cuando un hombre o una mujer no enfrentan una situación y prefieren “hacerse los locos” y obviar, ignorar o mirar para otro lado, están actuando de manera inmadura.  Un adulto de edad que actúa como un adolescente esta fertilizando su debilidad de carácter y  la repetición incesante de sus experiencias.

Lo que provocan los jugadores al escondite en sus allegados, amigos, familiares o amores, muchas veces es devastadora. Relaciones dependientes, obsesivas, dolor psicológico o agresiones pueden darnos una idea. A veces producen tanto coraje o desesperación que se piensa que son malas personas haciendo daño de manera consciente y premeditada. Realmente esto no es lo usual, lo común es, que sea una persona inmadura, débil de carácter, que desconoce como salir del juego y está muerto de miedo. Otros dicen, que el o ella parece que tienen un carácter fuerte porque son bocones o gritan mucho. Realmente un carácter fuerte no suele gritar, sabe afirmarse en lo que tiene y para eso no es necesario alzar la voz.

El repetir experiencias de escondernos, como todo lo que hacemos, se escenifica en un contexto cultural. Hay culturas donde se promueve que las personas se hablen de frente desde pequeños. Hay contextos culturales donde se promueve el escondite y las personas usan el juego del gato y el ratón, hasta con ellos mismos.

Dramáticamente he visto parejas que llevan 30 años juntos y desde que se casaron tienen una conversación pendiente y ambos la mencionan, pero nunca la han tenido. Los dos convierten  la conversación que no llega, en una explicación que  justifica el por qué no pueden confiar o ser felices, por 30 años. Este ejemplo muestra lo que puede hacerle a la vida de las personas el escondite, para no enfrentar.

Por otro lado así como las personas huimos o nos escondemos y de esa manera repetimos la experiencia de no enfrentar, y no solucionar. También los pueblos, todos nosotros, jugamos al esconder con nuestro proyecto de país.



La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada.
(787) 399-3114
preguntaleathalia@gmail.com


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