domingo, 28 de junio de 2015

Haciendo justicia.

De muchos colores. 2015.


Es impactante el cómo aceptar a los otros es la tarea mas trabajosa de la vida. Claro que el aceptar, conocer, vivir con nosotros mismos es el punto de salida. Se nos hace tan fácil, mirar hacia fuera y tal como si “el otro fuese una pizarra, proyectar en ella todo lo malo que tiene el otro”. Sin darnos  cuenta exacta  que lo que vemos escrito en esa pizarra,  trata de lo que somos nosotros. Porque el o la otra son un espejo donde proyectamos lo que somos y muchas veces no sabemos.

Jung decía que si queremos saber cómo estamos, basta con mirar a nuestro alrededor. Esa mirada a lo que nos rodea, nos dará la clave de cómo nos sentimos y estamos en el mundo. Estos días desde  el 26 de Junio de 2015, parece que estamos por esta parte del mundo, un poco mejor. Un grupo de mujeres y hombres decidió hacer justicia y reconocerle el derecho a otros, de juntarse y amar a quien…”le diera la gana”. Yo felicito a esos jueces del Tribunal Supremo de Estados Unidos por esta decisión, y por la parte que por las circunstancias políticas toca a Puerto Rico.

Ruego y espero que la justicia legal se continúe equiparando con la completa aceptación de todos. Cosa que esta por verse con tantos otros prejuicios. Todavía desde tantos años que nos dejan fríos, la justicia fallo en la abolición de la esclavitud y la igualdad de negros y blancos ( cosa que por otro lado la ciencia ha demostrado que es una falacia). Sin embargo, los negros aún están siendo discriminados, humillados y asesinados por ser negros.  La lista de la no aceptación del otro es un tema pendiente, de los de a diario, que a  las personas sensibles, nos encoge el corazón.

En mi práctica de psicóloga clínica he tenido el privilegio de trabajar con tantos prejuicios como gotas en el mar. Los humanos somos capaces de aliarnos a cualquier juicio apresurado de otro y a cualquier prejuicio y hasta inventarnos uno nuevo que cumpla con nuestra manera de ver las cosas.

En el tema gay, uno de los rechazos mas atroces es el de los padres y madres hacia su hijo o hija. Una madre me dijo que antes de aceptar que su hija se relacionara con otra mujer, prefería verla muerta,  ( titulo de una entrada al blog). Desafortunadamente al día de hoy aún piensa igual y ha perdido la oportunidad de compartir la vida, con su única hija. El padre de Jay, del articulo que acompaña est a entrada, nunca pudo entender que su hijo “no era un homosexual, era solo su hijo”.

Hay muchos padres y madres que recurren a consulta para entender, aclarar, fortalecer y confrontar sus miedos. Aceptar a otros es muy complejo, aceptar que ellos mismos rechazan a sus hijos es un tormento para muchos. Algunos  logran trabajar con este y muchos otros temas de prejuicios. Esperemos que los que aún tienen un camino largo por delante, puedan ser ayudados por esta aceptación legal, del derecho que cada persona tiene para amar y ser amado libremente. Sus hijos e hijas gays ahora no son proscritos en sus relaciones, son tan legales como cualquier otro ciudadano. Con el derecho de relacionarse y amar a quien le plazca, como todos los demás.
Les incluyo el blog de Jay. *nombre ficticio, que es hoy tan pertinente como entonces.

El amor y sus múltiples ropajes
"El discrimen y los prejuicios pertenecen al
odio, no al amor. Tus hijos son producto del amor".

JAY, es un joven de 25 años vivaracho, lleno de vida, guapísimo, delgado, vestido a la europea, con un aire de “yo hago lo que quiero con mi vida y no le pido permiso a nadie". Hijo de un padre que no acepta su homosexualidad, ni su  elección de pareja. El padre lo condena, lo critica,  lo humilla, al igual que a toda la comunidad homosexual.
Esta situación dura años, la madre de Jay, una mujer sumisa, buena persona, pero sin fortalezas para hacer frente al padre y defender al hijo. Lo que hacia hasta donde podía, era servir de bombero en el fuego que se prendía constantemente, entre padre-hijo.  Mientras Jay estuvo pequeño el padre disponía de el, después de los 13 años Jay le hacia frente, y la madre temía una desgracia en la familia.
Jay se fue de su casa , ayudado por su madre tras bastidores, “cuando ya no pude más”. Mi papá es una persona que yo no quiero volver a ver, me humillo toda mi vida, me pego, me grito, para que yo dejara de ser lo que soy. Fíjate que cuando yo era un niño, me llevo a un psiquiatra amigo suyo, para que me medicara, yo creo que el se dio cuenta de mi homosexualidad, hasta antes que yo mismo. Me llevaba a iglesias para que oraran por mi y me sacaran los demonios, yo no sé cómo no me volvió loco".

 "A los 19 casi 20 me fui de la casa y he tenido que trabajar para poder estudiar, porque cuando le pedí ayuda me dijo que me ayudaba con la condición de que dejara esas asquerosidades ¿tu te imaginas? yo no quiero saber del tipo, yo soy su único hijo. Tuve que “joderme” trabajando y estudiando, yo iba en guagua y el tiene 3 carros, yo pase hambre y el tiene dinero".

Jay trabaja como creativo, y parece muy bueno a juzgar por sus logros. "Todo esto te lo cuento porque se que eso me afecta, pero no hay remedio, la verdad lo que me importa es ser feliz. Lo de mi padre no tiene remedio, aún hoy día mi madre tiene que mentirle para verme, "casi nunca la veo", esto no tenia que ser así, pero el lo escogió. El decidió dejarme sin familia, porque yo no soy lo que el quiere".

 El propósito de la consulta de Jay, realmente no era la situación con su padre. Jay busco ayuda para conversar una decisión laboral. Nuestra consulta duro dos visitas y en la segunda fue que me conto esta historia. Le recomendé buscar ayuda posteriormente si lo creía necesario. Entendí que la difícil relación de rechazo continuo a la que le sometió su padre, produjo huellas en su ser emocional que en algún momento podían aflorar.

Cuando Jay se marchó, yo lamente tanto que su padre por su ignorancia no pudiera disfrutar de la grandeza de su único hijo. Su rigidez condicionaba su relación con el hijo, porque Jay no era el hijo que el quería. No pudo entender que los hijos como todos los demás seres humanos, vienen en todos los tamaños y sabores, todos traen una lección personal y colectiva. Aceptarlos como son, es parte de la responsabilidad que contraes al invitarlos a tu vida.

La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada.
 (787) 399-3114  thaliacuadrado@gmail.com


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