domingo, 30 de agosto de 2015

La ley del dar y el recibir.

Ejercicio en papel encerado. 2015.

Hasta el amor cansa, si se prodiga demasiado.
En cocción lenta, es dulce.
Entonces da tiempo a dar y a recibir.

Existen leyes escritas con tinta invisible en el universo. Si las descubrimos y las practicamos, nuestra vida se puede  transformar y podemos obtener guías para llevarla a cabo. Todos sabemos que no existen libros de recetas de cómo vivir, la incertidumbre  y el desconcierto son, los  acompañantes del camino. Sin embargo, si logramos descubrir y practicar estas leyes , de pronto, el ejercicio de vivir, puede ser mas llevadero.

Tenemos una ley, que es una calle de dos carriles. Lo que sube baja y lo que baja sube, de manera constante he inexorable. Podemos estar en la creencia de que esto es cierto o podemos cuestionarlo. Pero, sin importar cómo lo pensemos, la realidad es que sucede ante nuestros ojos, todos los días. Así es la ley del dar y el recibir. Es una ley de dos procesos, hermanados, que fluyen en una dinámica constante.

Conocemos personas, que luchan con la idea de dar y otras con la idea del recibir. Por otro lado, tanto dar como recibir son acciones, actos, movimientos que solo se hacen realidad, cuando dejan de ser ideas. Ideas convertidas en actos, cuando nos conectamos con la participación, que cada uno o una tiene en su entorno y en el mundo. Entonces el dar y el recibir se pueden adoptar como modelo en la vida diaria. Ante éste suceso ambos procesos fluyen sin medida, sin cesar, como cualquier otro proceso natural.

 Un proceso natural puede ser físico, como la digestión , nadie puede decidir que se produzca, pero se produce siempre que comemos. El amor es otro proceso natural, se manifiesta sin rodeos y sin planificación. Dar y recibir, es un proceso natural,  que promueve la sanidad mental, la física y la espiritual. Sin embargo, conocemos personas que se les atora la mano en el bolsillo cada vez que van a dar. O aquellas que no pueden encontrar en su cartera el monedero y lo buscan desesperadamente, como un compromiso por cumplir. Esas personas realmente creen, que si dan,  pierden, entonces se quedan con menos .

Hemos conocido otros individuos cuya demostración de cariño, es tan limitada que parece que les cuesta esfuerzo el evento de dar afecto. Por otro lado, también existen los que adoran recibir, celebran el recibir y se hacen adictos al recibir. Estas personas desconocen, lo que es la ley, una de dos patas muy coordinada que se daña cuando no se practica en su totalidad.

Cualquier actividad que se lleve a cabo en exceso pierde su impacto y enferma. Por eso las personas que solo saben dar, o son practicantes del dar, terminan resentidas. Este comportamiento se aplaude como de alto valor en muchas sociedades, en la figura de la mujer. Si observamos un poco, lo que se aplaude de la mujer, es el sacrificio personal, aún por encima de si misma. La mujer, debe ser sacrificada, abnegada, desprendida, como parte de su rol.  Su rol no incluye recibir o que se le aprecie y se le respete. Esta debe ser una de las explicaciones de la desigualdad y de la violencia de género.

En el dar, no solo se dan objetos, dinero. La mayor parte de lo que se da y recibe es intangible. Por eso algunos individuos piensan que nunca han sido retribuidos por lo que han dado. Si damos buen trato, es muy probable que recibamos lo mismo. Y aún cuando la persona en la situación no lo retribuya, seguro que más adelante lo recibiremos de otra. El recibir es una parte de la ley, pero no es necesario que sea una persona específica. Muchas veces el intercambio, es de quien menos te lo esperas.

Otra realidad de esta ley es que al dar, no tenemos que hacer listas de lo entregado, para saber cuánto toca hacia el lado personal. La ley afortunadamente se cumple en si misma, siempre que fluyamos con ella y nos cuidemos de no enfermar , al dar en exceso o de querer recibir siempre.


La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada
(787)399-3114

thaliacuadrado@gmail.com

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