domingo, 20 de septiembre de 2015

Los olores.

Experimento. Con los ojos cerrados.. 2015.
Dedicado a lo emigrantes, cuyos olores más preciados, se ven trastocados al emprender un camino incierto.

El olfato es un  sentido con conexiones profundas en nuestro mundo psicológico. Con frecuencia se nos olvida que el olfato de los animales, los ayuda a orientarse en el camino.

Observamos como perros y gatos lo primero que hacen al acercarse a la comida, es olerla. Los gatos se saludan oliéndose sus partes mas intimas, cosa que nos asombra.  Porque nos gusta pensar que los animales humanos, civilizados, no hacemos esas cosas.

 La verdad es distinta, los humanos también nos reconocemos y nos conocemos por los olores que despedimos. Por esta razón los perfumes son tan particulares a cada persona. Esto se hace patente cuando viajamos, al llegar a una ciudad y cultura distinta a la propia, tenemos que ajustar el olfato y reconocer otros olores. Cada ciudad, cada país, tiene sus olores peculiares, que le dan su sello particular.

 Muchas de nuestras memorias, incluyendo la etapa  pre verbal están asociadas a los olores que nos acompañaron en el entorno mas cercano.

 La madre tiene asociaciones olfativas en cada uno de nosotros. Temprano en la vida, la leche materna nos deja un olor indescriptible en la memoria. Cada vez que  volvemos a oler o a recordar ese olor. Muchos lo asociaremos con la figura de la madre y nos producirá en su mejor recuerdo, el sentirnos seguros. También abandonados, tristes o con corajes viejos , los olores no solo evocan buenas memorias, también las dolorosas.

Es tan importante el olfato y su pesca de olores que sirve para evaluar el amor pareja. Una pareja que busca ayuda terapéutica para esclarecer hacia dónde deben caminar. Evalúan instintivamente, sus olores. Alguno puede comentar que ya no soporta el olor de la otra persona. Esto es un gran reto a la terapia de pareja. Porque nadie puede acostumbrarse a un olor que le disgusta y obligarse a que le guste.

 A nivel racional podemos adiestrarnos a que nos “gusten” muchas cosas. Pero a nivel de los sentidos y su espontaneidad eso no es posible. Los olores que no nos gustan los rechazamos sin pensar, sin meditar, en un acto de absoluta espontaneidad,  que no pasa por la razón. Lo contrario también es cierto. Cuando nos gusta un olor, simplemente nos gusta, sin más explicaciones.

Los olores que nos gustan o hacen sentido, definen muchos de nuestros comportamientos. De mayores el olor a café, para el que le guste, despierta una cadena de emociones que lo lleva de la cafetería donde se encuentra. Directo a las mañanas de la niñez cuando nos despertaba ese olor. Para otros de nosotros el olor a incienso nos evoca la paz tan necesaria, y provoca un  momento de relajación y conexión.

Te invito a que recuperemos el olfato. Como cualquier otro animal, el olfato es una brújula colocada por la sabiduría, de quién nos doto de los poderes necesarios para la vida. Con un olfato conectado, reconocido y afilado, nadie puede vendernos gato por libre. Podremos reconocer el amor, la química y el gusto de lo que armoniza con nosotros. También y muy importante en estos días, podemos olfatear, como los gatos, quién, en el plano de los partidos políticos, quiere engañarnos, con perfumes caros.

La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada.
(787) 399-3114

thaliacuadrado@gmail.com  

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