viernes, 1 de enero de 2016

Asómbrate

En construcción. Como el 2016. 
Mi deseo para el nuevo 2016. Que sea un año de mucho asombro.

No todo está dicho. La verdad es, que éste 2016 provoca mucha curiosidad. La expresión “la curiosidad mató al gato”, puede que sea malo para el gato, pero a nosotros, nos aclara la vista. La curiosidad, nos lleva a una serie de comportamientos psicológicos que nos impulsan a buscar información. Comportamientos tales como: investigar, aprender, explorar. Que a su vez nos llevan a activar el pensamiento abstracto, buen índice de inteligencia. Y a usar nuestra imaginación y la fantasía para resolver problemas.

 La curiosidad, por otro lado provoca el asombro, de lo que se encuentra, curioseando.  Sin embargo,  para asombrarse hay que conectar con lo desconocido, que decidimos descubrir. Es decir, curioseamos y nos asombramos, de lo nuevo que hemos descubierto. Y nos abrimos a lo que comienza, a lo nuevo, con brazos y entendimiento, abiertos. Asombrarse puede darse como un acto espontaneo que se provoca, sin saber bien el cómo sucede. O la mayoría de las veces, es  un  trabajo, continuo, interno, porque  según vamos pelando la cebolla del propio ser, nos asombramos, de nosotros mismos.

 Nada es cotidiano en nuestro interno psicológico, lo cotidiano se produce en lo  externo, en lo concreto.  Lo frecuente es, levantarse a una hora, salir a la calle y esperar que todo siga como ayer. En el interno, te levantas a una hora y descubres, sientes, que no eres como cuando te acostaste, la noche pasada. Y nos preguntamos con curiosidad, “¿qué me pasa? si apenas anoche estaba de otra manera”. Y es que en nuestra psicología se producen, muchos asombros.

Los asombros en la vida hacia fuera, en la de a pie, en la de todos los días, realmente son producto de los trabajos de adentro. Si queremos vivir todos los días sin asombro, nos programamos para ver y oír, que todo es igual que ayer, solo cambio el día o la hora. Es, ser fiel al dicho, “yo estoy curado de espanto”.

Asombro es mirar lo que ves con unos rayos x especiales, que refinamos a través de las experiencias de la  vida y nos permiten asombrarnos de lo que  vemos. No asombrarse es mirar sin ver, asumir sin mirar o pasar de largo por el día, o por la vida, tomándolo todo por hecho. Por otro lado, para poder creer que el año está por descubrirse, tendríamos que creer que nosotros estamos por descubrir y eso nos devuelve al interno, a la curiosidad y al asombro.

A-sombrarse realmente es, quitarle la sombra a lo que vemos. Detrás de la sombra, se encuentra la luz. La luz que hace brillar lo que de verdad somos. Esas cualidades, virtudes, fortalezas o debilidades, que nadie puede quitarnos. Todo lo que es nuestro patrimonio, dado por los siglos y por todos los que nos precedieron. Esas cosas que no dependen de la economía, ni de los vaivenes políticos. Eso que nadie tiene que reconocernos, porque es nuestro. Esa es la luz y el asombro.

Les propongo un ejercicio:

Cada día cuando nos levantemos, vamos a pestañar varias veces, ante cualquier cosa que “suceda”. Tapate un ojo y miras, tapate el otro y mira. Luego imagínate que es una pintura y dale la vuelta, hacia abajo, derecha, izquierda y mírala como cambia delante de tus ojos, Asómbrate. Si nos limpiamos la vista y le damos la vuelta.  Todo es distinto.


La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada.

(787) 399-3114

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Espero tu comentario

Las miradas.

  Después de tantos años hablando con gente te haces especialista en miradas. Identificas las dulces y las amargas. Las tiernas y las...