domingo, 28 de febrero de 2016

Intencidad vs Suprimir o Vagos emocionales.



Ya lo dice el refrán “hay gente para todo”. Sobre todo cuando de emociones se trata. María, puede expresar sus emociones con tanta intensidad, que puede asustar a los que la observan. Se prende, como un árbol de navidad, con todas sus luces encendidas. A Pablo, por el contrario, le cuesta expresar y lo que si hace bien, es suprimirse.  Se le puede observar, contenido. Ha veces le tiemblan los labios, pero no cede a la emoción, se aguanta hasta que parece que va a explotar.

En esto de la emoción, no todo son extremos, también existen muchas variaciones. Algunas personas expresan sus sentimientos, dependiendo de lo intenso de la emoción, para ellos. A veces son muy contenidas expresando sentimientos de amor, podemos saber que ama a otra persona, porque se le nota, pero no se lo dice a nadie, ni siquiera a la persona amada.  Sin embargo, cuando sienten coraje, lo expresan con tal fuerza, que se ponen rojos y les sale humo por las orejas. En todo esto tenemos que recordar, que la expresión de nuestras emociones es, un estilo subjetivo de cómo las vivimos. Unos lloran o gritan, se contienen o se mantienen tranquilos o se desmayan, ante una emoción parecida.

Para los que trabajamos con el mundo emocional de las personas, la tarea que  toca es, identificar, lo antes posible, en la consulta, cómo expresa emociones, la persona que estas atendiendo. Siendo los sentimientos, la expresión subjetiva de las  emociones, estos sentimientos pueden manifestarse de múltiples maneras. Los humanos somos muy diversos, esa es, nuestra mayor riqueza.
Para entender a una persona en sus situaciones o problemas, tenemos que entender cómo siente y expresa sus emociones.  Si tienes dos personas, es decir una pareja, no solo es vital conocer cómo expresan por separado, también, cómo expresan entre ellos, sus sentimientos. Parte de las situaciones de una pareja que busca ayuda, es que, invierten mucho tiempo y discusiones, tratando de persuadir a la otra persona que se exprese igual. Es decir, si A. es intensa, B. se supone que también lo sea. Las discusiones se producen, porque cada uno piensa que su estilo es, el más adecuado.

En la vida de todos, los sentimientos son el ingrediente único que nos da sabor.  Ingrediente que nos hace llorar pero también amar. Componente que le da gusto  a sentirnos vivos, vibrantes. Si suprimimos los sentimientos o nos aguantamos, creemos que dejamos de sentir, y nos enfermamos. Porque no es posible, estar vivo y no sentir.

En un mundo ideal desde que nacemos, deberíamos  ser educados sobre nuestro mundo emocional y cómo expresarlo.  Sin embargo, el conocimiento de cuán importante es la emoción para los humanos, todavía no es parte de la discusión y mucho menos de la educación.

Hay caminando por el mundo generaciones completas que no conocen lo vital de enseñarle a sus hijos, tanto la madre como el padre, a cómo identificar sentimientos. Estos padres no son malas personas, ellos tampoco saben hacerlo con las propias. Pero ya llego otro siglo y tenemos a nuestra disposición innumerables maneras de aprender. Cierto es, que las desigualdades en nuestro mundo, son enormes, y en un lado puede ser el  siglo 21 y en otros están muy lejos de haber llegado. Hay muchas cosas que se escapan de nuestras manos. Sin embargo, lo que no se nos puede escapar,  es lo cercano, ese pedazo que nos toca. Nuestra casa propia y la de nuestros hijos.

En este sentido además de los intensos vs los suprimidos, existen otros a los que yo llamo “Vagos emocionales”. Los vagos emocionales, son personas que se jactan de decir, “a mi me resbala todo”, “nada me molesta”, “no quiero a nada ni a nadie”. Muchos de estos vagos, son personas muy heridas que repiten un discurso de, “a mi nadie, me va a volver a hacer daño” Por otro lado, este discurso es más dañino que sentir dolor, porque los aleja de la vida y los aísla. Es muy cierto que los humanos somos capaces de hacer mucho daño. Pero secuestrarse de la vida no puede ser la solución al dolor. Lo apropiado es trabajarlo, fortalecernos y en vez de huir, enfrentar.

También existen vagos emocionales que, dicen no sentir para no comprometerse con nada. Que las personas se unen para llevar a cabo una labor, “no me interesa”, “yo no me meto en eso”, “tengo muchas cosas que hacer”. Es decir, “no siento ni padezco”, para no comprometerme. Estoy segura que ustedes conocen personas de este tipo. Son los que viven en la periferia de todo y no se mojan por nada. Este comportamiento es de no participación, voluntaria, no por dolor, sino por huir del compromiso. Para no molestarse con nada, por eso son vagos.

Dicen que lo que nos diferencia de los otros animales y nos hace humanos, es la emoción, y  que podamos expresar los sentimientos asociados a esa emoción. Muchas veces, esto no parece una realidad. La naturaleza de la emoción es, fluir, se siente y se expresa.  Sin embargo, la hemos trastocado tanto, como tantas otras cosas, que la hemos convertido en un problema. Necesitamos hoy más que nunca, educarnos sobre nuestras emociones y sentimientos. De ello depende nuestra salud, no solo la emocional también la física y la espiritual. No vaya a ser que los animales, los que decimos que no sienten, nos sigan dando lecciones de sentimientos. Cualquiera que tenga la oportunidad de interactuar con un animal, de cuatro patas, puede constatar la pureza y la naturalidad con la que sienten y lo expresan. A nosotros, en el conjunto, nos falta mucho.


La autora es Psicóloga Clínica, en práctica privada.
(787) 399-3114



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