lunes, 2 de mayo de 2016

La fuerza del carácter puertorriqueño.



Hace algún tiempo los términos propios de la jerga profesional de la psicología, son repetidos coloquialmente. Lo cual por un lado, quizás acerca la psicología al público general o produce malos entendidos. Palabras que significan diagnósticos como bipolar, ansiedad, depresión son vocablos comunes en el diario vivir.

Esto mismo sucede con los vocablos personalidad y carácter. Que no son lo mismo ni se escriben igual. Para efectos del escrito tomare una definición somera de ambos términos. Intentar definir conceptos psicológicos de una manera sencilla es un riesgo, pues desafortunadamente se queda mucho fuera y todo es importante.

Por un lado la personalidad se refiere al conjunto de características que nos definen, cómo es una persona. La organización interna que tiene un individuo que le permite actuar de tal o cual manera. Sus actitudes, pensamientos, sentimientos, comportamientos. Siento todo ello dinámico porque ese conjunto es variable, lo cual nos dice que los comportamientos no son fijos, sino cambiantes.

El carácter por otro lado es un conjunto de rasgos o cualidades que definen a la persona, nos dicen como es su manera de pensar y actuar, lo que la distingue de las demás. El cúmulo de cualidades del carácter son muy amplias, la generosidad, la avaricia, fuerza, debilidad, emoción, reacciones o no reacciones.

Para entendernos, el carácter es lo que hacemos a diario y está lleno de comportamientos repetidos, manías y cotidianidad. Carácter son las reacciones y los hábitos de comportamiento que hemos practicado a través de la vida. Cada vez que decimos sí o no. Cada día que decidimos hablar o guardar silencio. Siempre que decidimos involucrarnos o quedarnos en la retaguardia. Cuando decidimos abrazar o guardarnos el abrazo. Ese momento en el que aguantamos las lagrimas o las dejamos salir. Todos esto constituye nuestro carácter.

El carácter de una persona define lo que es, lo que probablemente ha sido y lo que próximamente llegara a ser. El carácter nos forma la cara, donde se refleja. Las costumbres, las amistades, nuestras maneras de ver la vida, son parte del carácter.  El carácter influye en nuestra manera de dar y recibir, define cómo son nuestros amores, nuestro andar por la vida, si caminamos rápido o lento. El carácter dice lo que hemos hecho de nosotros mismos, hasta ese momento dado y se espera que cambie y se modifique según vamos creciendo.

En los tiempos que corren he escuchado a muchas personas preguntarse. ¿Cómo es posible que ante tantos atropellos los puertorriqueños no protestamos? Hace poco escuche a una Sra. conductora de un programa en la radio que no  entendía cómo era posible que nos dejáramos pisotear de tal forma, sin gritar. Parecía una profesional muy elegante, desconozco su nombre y a  ella le dedico este escrito. Amiga toda esta dejadez, dormidera, huida, inacción, debilidad, se la debemos al carácter que hemos practicado como colectivo.

Heráclito decía que el carácter es nuestro destino. El carácter nos gobierna y gobierna también la fisiología, afirmaba mi maestro, James Hillman. Porque solo en el hacer nos hacemos, el carácter es lo que hacemos a diario y con el se forma hasta nuestra postura. Pero no solo la externa, también la interna que nos mueve o nos controla.

El carácter puertorriqueño es ese conglomerado de cualidades, que practicamos como colectivo a diario, y que explican nuestra particular manera de ser. Es decir, todo lo que hacemos o no hacemos es debido al carácter que nos hemos formado generación tras generación, y hasta que no lo examinemos no lo podemos cambiar.

Un ejemplo diario de carácter puertorriqueño que estoy segura que todos conocen es: la quejadera eterna de lo que no tenemos, no somos, hacemos mal, no podemos hacer. Esa queja colectiva nos forma el carácter. Si el carácter es el destino como decía Heráclito, lo cual yo comparto, entonces nos toca mucho trabajo para cambiar de carácter y ser lo que debemos ser, por derecho propio.

Desafortunadamente, en estas cosas de la psicología hasta que no nos damos cuenta de algo no lo podemos cambiar. Lo bueno es, que ha llegado el momento. Algunas personas ya están de camino y parece que les llego la sangre a las venas, otras están tratando de que todo cambie sin ellas cambiar. Hay que darse prisa, la vida se nos pasa, y nos comen los dulces.

Hasta ese momento, y gracias a que muchos jóvenes están cambiando su carácter heredado, de quejarse a hacer, hoy tenemos una agricultura que comienza a despuntar y a enseñarnos que: Puerto Rico si tiene recursos y que son nuestros y que nadie nunca nos los puede quitar. Eso es fuerza de carácter.  

***Este artículo se publico en El Post Antillano.
Domingo 1-Mayo-2016.

La autora es Psicóloga Clínica en practica privada.
(787) 399-3114



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