domingo, 29 de enero de 2017

¿Compromiso = Obligación?

De la serie Mandalas del Amor. La Búsqueda.


No son lo mismo ni se escriben igual, sin embargo ambos términos interactúan en la cultura como sinónimos intercambiables o como siameses unidos por nacimiento. En nuestra cultura el compromiso ha sido usado como sinónimo de obligación esto podemos notarlo en lo que hacemos como individuos pero donde es más evidente es en  parejas y familias.  En la relación pareja el compromiso es de vital importancia pero donde comienza el compromiso es en el individuo propiamente. Esta mirada psicológica de las personas como entes generadores de sus comportamientos es relativamente nueva. Antes te comprometías o te obligaban a comprometerte porque una autoridad externa te lo ordenaba. Hoy en pleno siglo 21 todavía estamos con un pie fuera y otro adentro de lo que significa comprometernos. ¿O lo hago porque quiero o porque me siento obligado? Muchas veces se hace difícil la distinción porque si el grupo familiar aprueba algo, la persona se siente obligada y asume el compromiso como propio, de esto todos hemos tenido experiencias variadas.

El quehacer  cultura por otro lado,  construye comportamientos los fija por medio  de la costumbre y los sostiene a través de la supervisión diaria de los defensores culturales que somos todos. La cultura comunica las formas o maneras de un grupo particular pero no es un oráculo inamovible, es un quehacer diario que debe irse  ajustando a las expresiones del grupo y a sus contextos históricos. Es decir, la cultura se revisa en muchos de sus aspectos para hacerla viva y que siga sirviendo al pueblo que la genera al momento presente. Sin embargo, dichos cambios se producen con extrema lentitud y muchas veces podemos observar que decimos algo y hacemos lo contrario culturalmente hablando.

Ricardo es un hombre profesional de 50 años que está en un matrimonio abalado por todos aplaudido por todo su entorno y en el cual el siente que ni el ni su esposa tuvieron mucho que decir, más allá de aceptar casarse porque se gustaban,  se querían y eso era lo propio a su edad 24 años.  Esto es muy común y ha sucedido miles de veces y volverá a suceder otras tantas. Una vez en la relación como ya se había adquirido un ‘’compromiso” es decir una “obligación” tanto Ricardo  como Aurea continuaron la vida.
En las insatisfacciones propias del no saber, no conocer y no poder quejarse porque el matrimonio no es perfecto, “todos tienen sus cosas”, y ni pensar en romper su vínculo “sagrado” ambos comienzan a buscar otras avenidas de escape según lo que se les permite a los sexos en la cultura del “compromiso”. El escogió trabajar mucho, llegar tarde o no llegar y tener una que otra aventura. Ella por su parte escoge convertirse en una esposa “quejosa”, insatisfecha de su vida que no se parecía en nada a lo que había imaginado y cada día añade más alcohol y medicamentos para trabajar con sus ansiedades,  depresiones o insatisfacciones. Ambos están en una trampa cultural donde si se atreven a comentar algo, otros y otras les dirán “que así son la cosas”

Esté pedazo de historia puede tener muchos matices, pero se repite con múltiples variables demasiadas veces. Algunos pensaran que es una exageración y para ellos la pregunta es: ¿ Cuántas personas casadas conoces que están comprometidos no obligados en la relación?   Quizás tenemos que revisar si todavía se ve el matrimonio como la aspiración máxima de las personas y por ello  repetimos lo mismo en espera de que aunque le sale mal a un porciento muy alto a nosotros nos saldrá bien o porque el espectáculo de la boda nos captura y no se cuestiona.  

Para muchos de los lectores la historia les  es común, para otros es que ellos ( R y A)  no lograron  ajustarse a la vida de casados, no se querían lo suficiente o no buscaron mantenerse unidos.  Para estar en pareja con otro humano es necesario conocerte y conocer, explorarse y explorar.  Si embargo, hasta hoy el conocerse no pasa de que gustos tenemos y el conocer se trata de si somos compatibles en gustos o en la vida sexual. Sin embargo, parece que la alta tasa de divorcios y los tiempos que corren exigen mucho más de cada uno de nosotros y ese es el reto que nos trae la vida. Lograr de manera creativa, honesta plantearnos a nivel individual y cultural nuevas maneras de parejas de compromisos reales y voluntarios.

Como profesional que trabaja con estos temas me propongo escribir sobre el tema del compromiso y su “sinónimo” la obligación, el compromiso trabajado como el poder de decidir, ingredientes necesarios del compromiso en una próxima entrada al blog los invito a leerme .  Hasta pronto.


La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada.
(787) 399-3114. thaliacuadrado@gmail.com


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