domingo, 9 de abril de 2017

¿Cuál es la herencia?











Examinando las incongruencias de las situaciones del presente respecto a los  jóvenes y la Universidad hice la Promesa de tratar de poner en palabras cómo lo observo.  

Los jóvenes estudiantes que hoy protestan por lo que creen injusto tienen que escuchar de sus padres y abuelos el reclamo de que ellos no tienen que protestar porque  lo han tenido todo. Además de los señalamientos diarios en prensa, radio y tv de personas que los señalan como un grupito de “quedaos sin oficio ni beneficio”. Que lo mejor que pueden hacer es ponerse a estudiar y dejarse de huelgas y protestas. O de los confundidos de espíritu que creen que todos debemos callarnos para que nos vaya mejor, no vaya a ser que enfademos al amo.

Si bien es cierto que los jóvenes en gran parte lo han tenido más fácil económicamente, también es cierto que a ellos les va a tocar pagar la famosa deuda sin auditar que les hemos heredado. Esta realidad les otorga el derecho a protestar hasta que se queden sin voz.

En nuestro país que yo recuerde, nunca se han juntado un grupo tan grande de jóvenes. Cuyo fin fuera llegar a unos acuerdos ejerciendo los derechos democráticos que les cobijan. Y en asamblea practicaran la tan cacareada democracia de la que le hablamos los adultos. Esto es casi un milagro sobre todo teniendo en cuenta que los jóvenes nunca han tenido ejemplos vivos ni modelos ha seguir. Nosotros los adultos solo hemos ejercido la democracia para votar por los mismos que han saqueado el país ante nuestros ojos mientras mirábamos para otro lado.

Es un evento importante que estos jóvenes todavía puedan reaccionar a lo injusto cuando nos han visto por años aceptar todo lo que nos han echado encima gobiernos corruptos unos por acción y otros por omisión cada uno peor que el anterior. Nosotros los adultos, la mayoría de las veces no nos hemos podido poner de acuerdo ni para protestar y ellos nos acaban de dar una cátedra de unión 11,000 estudiantes en asamblea y no se mataron. Unidos por un bien común no por partidos políticos.

11,000 estudiantes chicos y chicas de todos los recintos de nuestra Universidad dando lección de unión por una causa y los analistas centran sus opiniones en lo larga que fue la asamblea y que deberían tener la capacidad de hacerla más corta. Siendo una realidad que los adultos de este país no hemos sido capaces de reunirnos en asamblea ni corta ni larga porque no sabemos cómo. Además de  porque tenemos miedo a afirmarnos defendiéndonos. Nosotros no somos de la generación, salvo felices excepciones, de hacernos valer.  

Decía una chica de 19 años que sus padres le habían prohibido que se manifestara en defensa de su Universidad que se quedara al margen. Yo entiendo la preocupación de los padres por la seguridad de sus hijos. Pero al margen tenemos más de la mitad de la Isla comprando en Plaza mientras el país se nos cae en cantos y lo venden a cualquier postor.

Muchos de estos estudiantes no son ricos, ni de padres profesionales que pueden apoyarlos. Son jóvenes que estudian y trabajan para ser capaces de tener un futuro en la Universidad de Puerto Rico, es decir, la de todos y para Puerto Rico, es decir, el de todos. Muchos pasan hambre y necesidades varias y difícilmente se  podrían llamar quedaos. A mi se me cae la cara de vergüenza cuando escucho palabras tan ofensivas dirigidas a los que están tratando de hacer lo que nosotros los adultos no hemos tenido lo que hay que tener y están recogiendo el país que le hemos heredado. Nosotros los adultos de este Puerto Rico le estamos dejando en herencia a nuestros jóvenes un país en ruinas. Y todavía muchos tienen la cara de criticarlos.

De tanto mirar para otro lado se nos ha olvidado a los adultos que somos nosotros los coautores del desastre. Cuando hemos aplaudido que mentes enfermas nos vendieran la idea de que éramos continente y pisábamos Isla. Cuando no protestamos por obras faraónicas innecesarias. Cuando permitimos el saqueo del sistema de salud. Cuando permitimos que robaran o malgastaran los dineros que son de todos. Eso no lo hicieron los jóvenes fuimos nosotros y lo van a pagar ellos. En este caso los adultos no lo hemos hecho mejor.

Nuestra función como adultos debería ser, apoyarlos en sus luchas que son las nuestras. Asistirlos en sus preguntas, dolores y problemas. Ninguna nación del mundo ha sido construida por adultos, la construyen los jóvenes porque en esas edades es que se tienen las energías para cambiar y construir. La edad adulta crea desconexión, dejamos pasar, nos acomodamos, nos volvemos lentos y vagos y se nos olvida que la mente y el corazón no envejecen. No pretendamos que los jóvenes adopten esa misma actitud porque entonces sí que estamos perdidos.

Para terminar quiero decirles que yo me quito el sombrero ante los jóvenes de este país nuestro porque emprenden luchas de David y Goliat con el entusiasmos que hace falta para que cuando nos toque irnos a los adultos al otro mundo, todavía ellos tengan país y una universidad a donde llevar a sus hijos e hijas.  Esa no es nuestra herencia, debió serla pero no  lo es, esa la están labrando ellos casi solos.


La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada
787 3993114
thaliacuadrado@gmail.com

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