sábado, 30 de marzo de 2019

El duelo.

Dionisio en su meditación nocturna.


A los gatos le gustan las alturas. Les gusta ver el escenario desde arriba para verlo en perspectiva. También le gustan las cajas para jugar al escondite y desde ellas vernos sin ser vistos. La caja puede ser grande o pequeña lo importante es acomodarse en ella lo mejor posible aunque el rabo se quede fuera. Les encanta  escalar paredes, puertas, árboles, verjas. Desde esa altura escuchan y observan como antropólogos culturales a los humanos que les servimos de sujetos de estudio.
  
A los gatos le gustan las alturas para escudriñar en el alma humana e identificar a  los humanos que se le parecen. Esas almas gemelas de dos patas que se les asemejan y puedan  jugar con ellos en comunión, donde no existe diferencia en la cantidad de  patas que usas para  caminar por el mundo. 

A los gatos le gustan las alturas y en una de esas Dionisio jugando se fracturó la mandíbula. Y acudieron en su ayuda unos humanos que entendían sus deseos de libertad. Yo, su acompañante de 19 años durante los cuales aprendimos el uno del otro todo aquello que pudimos enseñarnos. En ese doctorado emocional /espiritual no hubo asignatura a la que no asistiéramos juntos. Por años exploramos las alturas de todo tipo siendo compañeros inseparables de aventuras.

A Dionisio le encantaban las alturas y cuando llegaba el final de sus andadas se encontró de frente con otro humano que lo asistió de la manera más sensible y entregada. Como debe ser para un dios griego como él que según la historia nació dos veces, que fecunda la vegetación y la vendimia. Así cuando la vida física de este dios llego a su fin este humano de nombre Dr. Roberto Morales, su veterinario, estaba presente en su campo fecundo y lo ayudó a dar su transición y consoló a su compañera de jornada.

El duelo es fuerte porque el desapego es la asignatura pendiente de los humanos. Para hacer un desapego que construya la vida y la evolucione antes tiene que existir un gran amor. Solo el amor se entrega en desapego.  Pero todo este proceso  es más dulce cuando encontramos en el camino humanos que nos enseñan tanto a los gatos como a los humanos que siempre hay quién llore contigo tus perdidas. Y nos hacen realizar la enorme fortuna de tenerlos.

Dionisio fue y es feliz y desea junto conmigo dar las Gracias a:
El Dr. Roberto Morales su Veterinario de la Clínica Villa Mar en la marginal de la Baldorioty de Castro en Isla Verde.
A su ayudante Jessica por sus amorosas atenciones en un proceso que duro 10 semanas.  
A su tía Anaída Hernández por rescatarlo de las calles de New York y haberlo puesto en mi compañía y presenciar tantos años. 
A Magdalena Sagardía por asistir en ese encuentro.
A Denise Rivera por su apoyo constante aún cuando ella también está en duelo por Baco. 
A Teresita Pagán por esos tratamientos de Reiki tan amorosos. 
Y a todos los que de una u otra manera lo conocieron.  Gracias. 

3 comentarios:

  1. Acompañandote siempre, amiga querida.

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  2. Un abrazo, amiga. Dionisio fue afortunado al tenerte. Ahora te observa desde más alto.

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  3. Thalia, Dionisio fue afortunado al tener un hogar amoroso como el que tù le diste. El ahora te espera en las alturas para cuando se re encuentren. Ahi lo volverams a ver sano, fuerte y juguetòn, como era. Paz y luz para Dionisio y para tí.

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