sábado, 2 de marzo de 2019

Las miradas.



 Después de tantos años hablando con gente te haces especialista en miradas. Identificas las dulces y las amargas. Las tiernas y las resentidas. Las después hablamos y las “yo te cojo bajando”. Las rencorosas que mientras dicen palabras suaves miran con rencor confundiendo a quién la recibe porque dicen “ yo, ya te perdone’. 

Me enturbian las de soslayo, las que parece que no te están mirando y te están taladrando. Esas te “tasan” como si fueras género de venta.  Otras te dicen sin palabras “desaparece de mi vista”. Las racistas, las que están en contra de todo y desean que no existas. 

Las que más me impactan las que me hielan la sangre son las enjuiciadoras, las prejuiciadas, las “yo voy primero porque soy mejor que tu”, las “quítate de mi camino porque no te voy a dejar pasar”.

Hay otras que me producen un nudo en el estómago y son casi mortales por sus efectos. Son las que te rechazan por ser mujer, por ser pobre, por ser gay, por ser hombre, por ser negra, por ser gorda, por no tener el bolso adecuado, por tus zapatos, por tu ropa. Y sobre todo porque tu carro no es de la marca y el año adecuado. Esas me devastan porque esas vienen de alguien que camina sin alma.

Otras me producen un coraje interno difícil de controlar. Esas son las condescendientes, “porque tu no entiendes, no estas a mi nivel’,’ “ es que yo estudie en tal colegio’, “ es que tu eres mujer”, “ es que yo soy de otra generación’. 

Hay miradas que no te miran, que te traspasan que no vienen de alguien vivo, esas asustan porque la persona que las da ya murió, solo camina y parece viva. De esas hay muchas en puestos de poder. Esas no nos miran, pasan sus ojos por encima de todos porque para ellos no contamos. 

Si te fijas un poco y eres investigadora de la vida, de los seres, de sus miradas, de sus comportamientos. Conscientemente sales a la calle en busca de esa mirada que puede venir de cualquiera con el que te encuentres y solo esa te desea de verdad. Buenos días. Sin carga sin pedir nada a cambio.  Esa y solo esa te alegra el corazón, es una lluvia fresca en un desierto y te hace querer estar aquí un día más.

 Te deseo que hoy te encuentres con ella y si lo haces reprodúcela, cópiala y bríndasela a otro que también la necesite.

La autora es Psicóloga Clínica en práctica privada.
thaliacuadrado@gmail.com
(787) 399 3114

1 comentario:

  1. Amiga, hemos compartido muchas miradas en todos estos años. Yo he visto cómo miras con compasión a los deambulantes; con amor a tus hijos de 4 patas; con gozo a tus amistades, que se multiplica si hay una botella de vino; con ilusión ante la anticipación a nuevos comienzos y de desilusión ante lo que no se dio.
    Gracias por incluirme en tus miradas y te reafirmo que siempre te miro con admiración y me gozo. Te quiero mucho.

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